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CARTAS AL DIRECTOR

El hablar de Alvar

En el artículo Hablar andaluz, publicado en estas páginas, el profesor Manuel Alvar considera un sinsentido que los profesionales de la televisión andaluza hablen en andaluz. Sus objeciones principales son la necesidad de unos principios normativos uniformes y la dificultad de elegir, entre las diferentes hablas andaluzas, ese uniforme lingüístico. Adorna su razonamiento con una prosa ágil que nos permite conocer su larga experiencia de dialectólogo por todos los confines de la geografía castellanoparlante. A la par de felicitar al profesor Alvar por tal recorrido profesional, me permito, desde la "ignorancia agresiva" del que "aún no ha aprendido" las reglas sagradas de los medios de comunicación, ofrecerle mi simple opinión de ciudadano.No creo que haya sido su intención considerar que sólo un lingüista pueda ofrecer opiniones sobre el habla de la televisión que oímos. Cualquier ciudadano tiene derecho a opinar sobre las cuestiones de trascendencia social.

Dicho esto, debo decir que disiento totalmente del profesor Alvar en la necesidad de que el habla empleada en una cadena de radio o televisión de ámbito extenso tenga que ser uniforme. Esta cuestión sería baladí si los medios audiovisuales no influyeran de manera dramática en la evolución de la lengua, especialmente por su capacidad de moldear el habla de los más jóvenes. El profesor Alvar parece ignorar que el habla monolítica y falta de matices usada por los profesionales de las grandes cadenas de radio y televisión contribuye a la extensión de una pequeña parte del vocabulario en detrimento de la parte no utilizada y que el uso repetido de determinadas construcciones gramaticales termina por consagrarlas, arrinconando el empleo de sus alternativas. La lengua de mi infancia está llena de palabras que no escucho más. Las alcancías se han transformado en huchas, los almanaques en calendarios y el colorado ha desaparecido de la paleta léxica infantil. Establecer una sola habla uniforme supone apostar por el empobrecimiento del conjunto de la lengua castellana en el medio plazo; defender el uso de las hablas andaluzas en la televisión y la radio es enriquecer el panorama expresivo y los recursos lingüísticos de todos los oyentes, sean andaluces o no. La pequeña cantidad de ruido informativo que un habla plural introduce en un medio de comunicación -se llena el señor Alvar de andaluza exageración cuando pide un traductor para entender el pronóstico del tiempo- es un inconveniente nimio en comparación con el efecto nocivo de la uniformidad lingüística. Sería muy positivo para la salud del castellano que no existieran sesgos fonéticos, léxicos o sintácticos de ningún tipo en la utilización del patrimonio idiomático común; que cualquier profesional de la comunicación pudiera utilizar su habla sin más restricción que el registro adecuado. Por eso, a la pregunta del profesor Albar sobre qué habla andaluza elegir, "la de Carboneras o la de Ayamonte", la respuesta es simple: esas dos y todas las demás del universo hispanohablante.- Sebastián Chávez de Diego. Sevilla.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 2 de febrero de 2000