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Reportaje:

Teatro con vistas al océano

Manejar 40 niños no es tarea fácil, pero los monitores le echan paciencia. Imponen un poco de orden y explican la mecánica de trabajo. Hay que improvisar una representación teatral con cuatro grupos de personajes: pescadores, amas de casa, ecologistas y administración. El argumento, los inmaduros. En pocos minutos, cada uno se ha metido en su papel. -Es que tenemos que dar de comer a nuestras familias, se excusa con vehemencia un niño/pescador.

-Pero no hace falta que cojáis inmaduros, podéis atrapar otros peces, le reprocha una niña/ecologista que se toma muy en serio este teatro con vistas al mar.

-La culpa es de los pescadores. Si no los pescaran, no los comeríamos. Ya que están muertos no se van a tirar...habrá que aprovecharlos, tercia una falsa ama de casa.

-Si no se consumieran, no se pescarían, vuelve a la carga la pequeña ecologista.

De pronto el debate escénico se vuelve real y los niños se enzarzan en una discusión nada teatral sobre culpas y soluciones. Los que hacen de políticos casi no participan, tal vez porque no tienen muy claro su papel.

La escenificación forma parte del taller que desde hace tres años imparte el Aula del Mar de Málaga, con el apoyo de la Consejería de Pesca, para concienciar a los escolares contra el consumo de inmaduros.

Hoy toca dejar la semilla entre los alumnos del instituto Salvador Rueda, de Vélez Málaga. Los profesores no han elegido la actividad gratuitamente. "Más que visitar el acuario, lo interesante es que los niños conozcan los inconvenientes del consumo de inmaduros, que reflexionen sobre la necesidad de preservar los recursos", explica Francisco Hernando, uno de los educadores que acompaña al grupo.

Otra de las actividades del taller consiste en pesar trocitos de madera que hacen las veces de alevines. Los amarillos son doradas; los azules, caballas; los rojos, lenguados y así un largo etcétera. Los niños pesan, multiplican y apuntan: cada 250 gramos de alevines supondrían 16 kilos de pescado adulto.

Uno de los monitores procura ordenar las ideas: "O sea, que si los dejaran criarse pescarían más y le darían la oportunidad de que se reprodujeran".

La Junta estima que cada año los pescadores pierden unos 20.000 millones de pesetas por capturar peces sin que hayan alcanzado su talla adulta. Sólo en 1999 se incautaron 147.000 kilos de alevines.

El taller es el único que existe en Andalucía. Desde su creación en 1997, ha dado formación a más de 4.000 escolares. La intención de la Consejería es que este año llegue a otros 3.000. Los más pequeños también pueden participar en los talleres, aunque en su caso la escenificación se sustituye por un guiñol que facilita la tarea.

Después de tres horas de actividad surge una cierta confianza y cabe una pregunta indiscreta. "¿Y tú comes inmaduros?". Los niños muestran dotes de diplomáticos. Unos se hacen los distraídos y otros responden que a ellos no les gusta el pescado. Los menos confiesan que pican cuando su madre se los pone. "Ahora tendré que decirle que no se debe", acota uno que se ha aprendido la lección.

A modo de cierre, el monitor lanza un interrogante/compromiso: "¿Vais a comer inmaduros?". "No, patatas", responde un socarrón. El monitor aprovecha la broma para dejarles otro mensaje bien clarito: "No, no. Pescar hay que pescar, lo que no hay que pescar son inmaduros".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 2 de febrero de 2000

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