LA DISPUTADA HERENCIA DEL 'POETA EN LA CALLE'

Aitana Alberti: "El testamento es un expolio"

La hija del autor de 'Marinero en tierra' no descarta impugnar un documento que la excluye

Aitana Alberti está casi tan desolada como indignada. Desolada, porque la inmensa polémica que rodea ya al "sorprendente" testamento de su padre, que no duda en calificar como un "expolio", ocurre en la víspera de 11º aniversario de la muerte de su madre, María Teresa León, y a unos días del 97º aniversario del nacimiento de su padre, el 16 de diciembre.La única hija de Alberti ha conocido a través de sus abogados que el último testamento de su padre lega la mayoría de los bienes y los derechos sobre su obra a su viuda y a los hijos de ésta. También que el testamento fue firmado por un Alberti tan mermado de facultades, que declinó leerlo personalmente. El notario lo hizo por él el 10 de diciembre de 1996. Era el décimo testamento que el poeta firmaba en cinco años, entre 1991 y 1996. El escrito definitivo otorga a su hija, Aitana Alberti, sólo bienes y derechos que ya poseía, y algunos incluso que había comprado ella misma. Mientras que, por el contrario, cede a su viuda, María Asunción Mateo, y a los hijos de ésta, David y Marta, la mayor parte de los bienes y los mejores derechos de las obras del poeta, como, por ejemplo, los de Marinero en tierra, que son en exclusiva para David.

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Aitana está indignada porque el testamento la excluye de todo derecho sobre la propiedad intelectual de la obra de Alberti y porque siente que queda en manos de personas que, a su juicio, hasta ahora sólo han demostrado un afán desmedido por el lucro personal y no por preservar la obra de manipulaciones.

En una entrevista realizada ayer en su casa de La Habana, Aitana admite que no se piensa quedar con los brazos cruzados. "Estoy asqueada y confundida", dice. "Todavía es pronto para decidir nada, es un caso complejo y mis abogados estudian la documentación", afirma. Su voz suena afectada, pero firme. De sus palabras se desprende que no descarta la posibilidad de impugnar el testamento o de adoptar cualquier otra fórmula legal que pueda devolverle sus derechos.

Ayer se encontraba en la sala de su casa en la Quinta Avenida, en Miramar, donde reside desde 1984. Las paredes estaban repletas de dibujos de Alberti, y en una mesa había una fotografía en la que ella aparece junto a su padre, Pablo Picasso y Luis Miguel Dominguín. Enfrente, un dibujo a tinta de Federico García Lorca, precisamente una de las obras que su padre le lega en el testamento. La historia de este dibujo y de su curiosa herencia es uno de los elementos, entre otros muchos, que pone en evidencia las extrañas circunstancias que rodean al testamento.

"En 1970, cuando vivía en Torremolinos, compré dos pequeños dibujos de Lorca, realizados probablemente en la página de un libro. Uno era una pecera, que es éste que hay en casa, y el otro representaba a un marinero", señaló. Aitana relató que le había regalado este dibujo a su padre el día de su 70º cumpleaños en Roma. "Era un regalo muy bonito, porque en mi casa no hubo nunca nada de Lorca, ya que todo se perdió al salir de España durante la guerra".

Aitana no quiere hacer acusaciones gratuitas, pero señaló: "Es bastante curioso que me estén donando algo que yo me compré y que es mío". Esto, a su juicio, demuestra un "desconocimiento del origen" que, en cambio, sí conocía su padre.

Pero el legado del dibujo de Lorca es sólo una pequeña anécdota dentro de un testamento que se limita a otorgarle la propiedad de cuadros, cartas y antologías que ya eran suyas y tenía en su poder. Hay un cuadro de Miró, un gouache en cartón que Alberti le dio en 1977. Aitana no quiere ni hablar de él, pues posee una carta de su padre en la que se refiere a éste como un regalo que le hacía. Sobre el óleo de Motherwell, también legado por Alberti a su hija en el testamento, afirma que fue, asimismo, un regalo, y que María Asunción Mateo debería saber que el cuadro fue vendido en los años noventa por la propia Aitana. "Eran malos años en Cuba y necesitaba dinero", y así se lo comunicó a su padre. En cuanto a la carta de Benjamín Palencia que le confiere el testamento, afirma: "Hace años que la tengo enmarcada en la sala de mi casa".

Aitana añade que todos estos cuadros, cartas y derechos sobre obras que ahora se le conceden, en realidad siempre fueron suyos. La antología El amor y los ángeles, publicada en Litoral en 1998, fue realizada por la propia Aitana, y lo único que se le deja en el testamento son los derechos sobre una antología elaborada por ella misma -"que ya eran míos"-, pero no los derechos de los poemas. Con los Cuadernos de Rute ocurre igual.

En el testamento, Alberti le deja una exposición itinerante de "33 dibujos y pinturas" que él le fue regalando durante toda la vida, desde que tuvo uso de razón. "Son regalos que le hace un padre a un hijo, pero ni mucho menos un anticipo de una herencia", señala. Aitana asegura que, para empezar, estos dibujos no son 33, como dice en el testamento, sino bastantes más. "Quizás en alguna exposición alguien haya contado 33, y por eso aparece así en el documento".

La hija del poeta también muestra su extrañeza por el número de escritos legales redactados por su padre. "Diez testamentos en cinco años es algo realmente raro y que llama a reflexionar sobre qué hay detrás de ello, más conociendo a mi padre, que rehuía hablar de ese tema y no se ocupaba jamás de los asuntos legales".

Aitana insiste en que, en los últimos años de su vida, el poeta estaba mal. "Al final ya ni me me reconocía. En momentos así, y a su edad, es más fácilmente manipulable y puede firmar lo que le pongan delante". También se extraña de "la cantidad de derechos sobre obras tan importantes como Marinero en tierra o Pleamar, que se dejan a los hijos de ella. Es como si se quisiera que todo quedase muy bien atado".

"Todo esto me llena de estupor", concluye. "Es una manipulación demasiado burda, y no sé ni qué decir. Pero no puedo estar tranquila con gente así encargándose del legado intelectual y literario de mi padre".

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0011, 11 de diciembre de 1999.

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