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Tribuna:

El 'guiñol'

Excelente idea la de sacar del armario a los responsables de Las noticias del guiñol que animan nuestras vidas. Aparte de que me parece justo que empiecen a gozar públicamente, con nombres y apellidos, de la admiración y reconocimiento que su obra ya recibe, creo que, al mostrarnos lo que hay bajo el látex, se convierten, una vez más, en parábola de la realidad.Cuántas noches, después de una jornada mundial, nacional, local e incluso doméstica especialmente estúpida, el encuentro con esa misma estupidez reflejada en los muñecos no nos habrá ayudado a sobrellevarlo mejor. Cuántas veces no habremos felicitado silenciosamente a quienes se afanan construyendo el espejo, porque lo que hemos visto reflejado en él al terminar el día no sólo nos relaja y nos divierte, sino que editorializa, sin el menor asomo de pedantería, acerca de los acontecimientos. Los hallazgos de ese grupo de personas, con el director del programa, Antonio Martínez, a la cabeza (y nunca mejor dicho: estamos ante un gran despliegue de cabezas), son siempre brillantes y, en muchas ocasiones, sutiles. Convertir en sensato comentarista a Jesulín de Ubrique da medida de lo grotesca que puede llegar a ser nuestra circunstancia. La teoría de la evolución según el doble de Enrique Iglesias explica muchas cosas. El rostro sudoroso del muñeco Piqué no sólo hace reír: hiela la sangre. La suprema mentecatez a que ha llegado el fútbol en este país queda perfectamente analizada desde sus representaciones de látex. Y los muñecos de Reyero y Pino poseen el grado de estupefacción justo y necesario.

El programa especial que anoche ofreció Canal+ sobre los secretos de Las noticias del guiñol confirmó algo que ya sabíamos: que detrás de los muñecos hay inteligencia, humor y mucho esfuerzo. Y al representar para nosotros la ceremonia del guiñol visto por dentro, se convirtieron, de nuevo, en parábola de lo real, porque uno tendía a preguntarse qué es lo que puede haber detrás de las personas de verdad sobre las que nuestros guiñoleros ironizan: acaso únicamente haya vanidad, soberbia y pompa.

Ya imagino que tener que hacer ese trabajo cada día es como un toro. Pero, como diría vuestro Rappel: os veo muy bien, cariños.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 11 de noviembre de 1999