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Entrevista:

"Estaremos aquí cinco años"

ENVIADO ESPECIALEl general Klaus Reinhardt (Berlín, 1941), comandante máximo desde el 8 de octubre de la Kfor, calcula que las tropas occidentales permanecerán un mínimo de cinco años en la región y reclama a la comunidad internacional el envío de dinero suficiente para estructurar la Administración de la ONU en Kosovo. Reinhardt considera que las cosas van mucho mejor de lo que se dice y no desespera en el objetivo de conseguir una sociedad multiétnica. Es el general que sustituye al temperamental británico Mike Jackson.

Aunque en principio se niega a profetizar cuánto tiempo debe durar la labor de interposición de las tropas multinacionales -que ya congregan a 30 países-, el jefe de las fuerzas aliadas calcula que, dadas las tensiones derivadas de las heridas que provocó el conflicto, debe calcularse "por años, más que por meses". Confía en que la convocatoria de eleccciones municipales -seguramente para el próximo verano, porque antes hay que establecer un censo electoral de nueva planta, toda vez que la documentación oficial fue sistemáticamente destruida por los serbios- acelerará la normalización y que, a partir de ahí, teniendo en cuenta los precedentes de Bosnia, Chipre, e Irlanda del Norte, "resulta razonable prever una presencia militar de cinco años", como recientemente ha calculado el ministro alemán de Defensa, Rudolf Scharping.

Reinhardt opina que los medios de comunicación magnifican los reveses y no dan suficiente cuenta de la disminución de la violencia en Kosovo. "Lo estamos haciendo mucho mejor de lo que supone la comunidad internacional", apunta, aun reconociendo que la situación dista de las coordenadas de "una sociedad civilizada a la europea", porque todavía "hay demasiada violencia provocada por el odio étnico", a lo que se une "la falta de tolerancia" con el deseo "instintivo de acudir a los métodos violentos cuando no se está de acuerdo con alguien". "La llamada a la violencia todavía permanece aquí", recuerda, aludiendo a las numerosas medidas de exterminio contra los albaneses arbitradas por el régimen del presidente yugoslavo, Slobodan Milosevic.

"Nos preocupa que las minorías lleven sus problemas a la calle, y, aunque el dinero no es asunto mío , no son lo mismo los compromisos de los donantes que la entrega de las ayudas; en caso de que no llegasen a tiempo, podría afectar a nuestra labor de defensa del orden público", alerta el jefe de las tropas aliadas, recordando que bastantes empleados del sector público llevan cuatro meses sin cobrar sus salarios. La próxima Conferencia de Donantes, convocada para mediados de este mes, debe concretar las ayudas al país. "Si se encuentra el dinero -soy optimista-, creo que podremos cubrir nuestros objetivos. Espero que la comunidad internacional no haga oídos sordos", confiesa.

El general alemán, primer mando importante de su país en el exterior desde la Segunda Guerra Mundial, atribuye los principales males de Kosovo a que "los criminales pretenden utilizar el relativo vacío de poder, la ausencia hasta fechas muy recientes de una policía y de una Administración completa" en su favor, apoyándose en el tráfico de drogas más o menos importado de Albania y en unas prácticas terroristas que persiguen "corromper" a la sociedad kosovar en recomposición.

Reinhardt es de los que opinan que la multietnicidad constituye "un objetivo" todavía posible, pese a las escaramuzas de venganza de los albaneses contra los serbios, un dictamen que no todos comparten, pues las heridas de la persecución están muy recientes, el consiguiente odio étnico a flor de piel y la posibilidad de incidentes está demasiado presente. Pero, para él, la multietnicidad "no significa que en cada pueblo existan dos comunidades", basta que convivan a nivel general. Desde luego, "la cantonalización", es decir, el apartheid de hecho, "no es la solución, sino que debe venir por la coexistencia".

Uno de los problemas heredados a los que se enfrenta Reinhardt es la oposición de los albaneses al despliegue de las tropas rusas. Desde hace semanas mantienen un bloqueo de carreteras en Orahovac, al sur de Pristina, que impide a los rusos, considerados por los albaneses como protectores del enemigo, ejercer su labor de interposición. El general alemán está buscando una solución negociada, y mientras tanto alaba la actitud de las tropas rusas porque "no han insistido en situarse allí ni en forzar a la gente". Se siente satisfecho en líneas generales por la colaboración de este contingente que tantos problemas causó en el momento de la liberación, a principios de junio, y recuerda que es su mando natural, aunque antes de ejecutar órdenes pueda consultar a Moscú. "Por supuesto que les doy órdenes", asevera, aunque consultándolas previamente a través de un oficial de enlace, "y de momento no he registrado ningún problema".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 11 de noviembre de 1999

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