Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Un cliente arruinado por un error pide al juez que embargue a la Caja Rural

Salvador Cañadas, un vecino de Órgiva (Granada) que perdió por un error bancario todo el patrimonio familiar, compuesto por 20 fincas y dos casas, ha pedido al juez, tras ganar la pleito, que ejecute un embargo contra la Caja Rural de Granada por valor de 26,7 millones de pesetas. Aunque el auto judicial que valoró los bienes fue dictado el 21 de octubre, Salvador Cañadas no ha querido esperar y ha decidido acabar de forma expeditiva con un embrollo que lo llevó a la ruina hace 11 años.

El juzgado de lo Civil número 2 de Granada valoró las fincas que perdió Cañadas en 1988, tras confrontar la opinión de los peritos, en 11.737.279 pesetas. El pasado 21 de octubre la juez Alicia Rodríguez firmó el auto en el que comunicaba la tasación. Sin embargo, el abogado de Cañadas ha añadido ahora, en el escrito de ejecución de sentencia mediante embargo presentado el martes, otros quince millones por intereses y costas judiciales, que suman los 26,7 millones ya aludidos.La historia de la monumental confusión que dejó a la familia de Salvador en completa desolación se remonta a mediados de los 80. Francisco Cañadas, un hermano de Salvador, había pedido a la Caja Rural un préstamo avalado por los bienes de su madre. Los asuntos económicos, sin embargo, no fueron como tenía previsto y se vio envuelto en un procedimiento judicial de subasta por valor de 3,7 millones.

Ante el temor de perder las fincas y las casas pidió ayuda a su hermano Salvador que logró que un amigo le prestara dos millones. Para cubrir la cantidad restante, 1,7 millones de pesetas, Salvador acudió al responsable de la Caja Rural de Órgiva, y acordó solicitar un préstamo hipotecario por esa cantidad, con lo que cancelaría el primero de los créditos.

Para entonces, sin embargo, ya se había celebrado la primera puja, a la que no acudió nadie, y fijado la fecha para la segunda. Según lo pactado en el contrato firmado el 28 de octubre de 1988, la Caja Rural entregaría a Salvador los 1,7 millones del préstamo y éste cancelaría el crédito de su hermano Francisco.

Pero a causa de un error, la Caja Rural siguió adelante con el procedimiento sin que la familia Cañadas lo supiera. Finalmente un subastero compró todo el patrimonio por 1,4 millones de pesetas.

Según la sentencia, la caja decidió por su cuenta "seguir la vía de apremio iniciada y no solicitó la suspensión de la subasta sin dar oportunidad al señor Cañadas para cancelar la anotacíón en el plazo de tres meses previsto en la estipulación segunda del contrato de préstamo" suscrito por Salvador.

La familia Cañadas se encontró de un día para otro sin su medio de subsistencia, el cultivo de las fincas, y con los muebles en la puerta de la calle. Para el juez la actuación de la entidad supuso un "claro incumplimiento cuyas consecuencias habrá de soportar la entidad demandada". Salvador, agobiado, decidió abandonar Órgiva y emigrar a Barcelona, donde reside.

Ahora, a la vista de la tasación final de las fincas acordada por la juez, tras once años de espera, ha decidido convertirse él en el ejecutor de un embargo contra la entidad.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 11 de noviembre de 1999

Más información

  • La entidad granadina olvidó suspender una subasta con sus bienes