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Un muro de la vergüenza junto a Praga

El muro de 62 metros de largo y 1,8 metros de alto proyectado en la ciudad de Usti-nad-Labem, en el norte de Bohemia, se ha convertido en el símbolo de la discriminación que sufren los 280.000 gitanos que viven en la República Checa.El pasado miércoles, unos 50 gitanos de la etnia de los roma consiguieron bloquear los trabajos de construcción de esta muralla, prevista a lo largo de la calle de Maticni para separar sus viviendas de las de los blancos, que es como se llama a los checos payos. Con ayuda de algunos compañeros que llegaron de otras comunidades gitanas de la comarca, los manifestantes formaron una cadena humana y retiraron los ladrillos con calma, sin estropear los materiales. Los obreros suspendieron sus trabajos y la policía no intervino.

Ondrej Gina, que lidera esta acción sin precedentes de protesta de los gitanos, declaró que "es un acto de defensa propia contra un muro de segregación proyectado por decisión arbitraria de la municipalidad".

El conflicto viene arrastrándose desde hace un año. Cuando unas familias gitanas se instalaron en unas viviendas recién restauradas, los vecinos comenzaron a protestar por "la suciedad y el ruido". El ayuntamiento de esta localidad de 100.000 habitantes decidió, con una mayoría de 25 votos contra dos, tapar la vista de las viviendas de gitanos con un muro de ladrillos de cerámica que, en un principio, debía tener unos cuatro metros de alto y luego fue rebajado en dos metros.

Esta medida, que según el instituto STEM es aprobada por el 44% de la población checa, provocó las protestas de las organizaciones de defensa de derechos humanos y una lucha de poder entre la administración municipal y el gobierno en Praga. El alcalde de Usti-nad-Labem, Ladislav Hruska, del conservador Partido Ciudadano Democrático (ODS), autorizó la construcción a pesar de que el Gobierno dispuso que se esperara a la decisión definitiva que el Parlamento deberá tomar antes de final de octubre.

Del presidente de La República, Vaclav Havel, que desde un principio condenó el muro segregacionista, el alcalde dijo que es un "pseudo defensor de los derechos humanos" y lo acusó de "despreciar a los ciudadanos" y "desconocer las leyes municipales". Hruska tampoco hizo caso al primer ministro, el socialdemócrata Milos Zeman, quien el pasado miércoles habló del "muro de la vergüenza", que "separa a los ciudadanos checos de la Unión Europea".

A Praga le preocupan las críticas internacionales contra el creciente racismo. El comisario encargado de minorías nacionales de la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa, Max van der Stoel, condenó el mes pasado la construcción del muro y dijo que esperaba que "gitanos y no gitanos puedan construir puentes en lugar de muros".

Desde 1990, son ya 20 los gitanos que han sido asesinados por motivos racistas en la República Checa. En los últimos 18 meses, al menos 2.500 gitanos checos solicitaron asilo en el Reino Unido. No en vano, el primer ministro británico, Tony Blair, exigió a su homólogo Zeman que intervenga para frenar el éxodo, de lo contario Londres impondrá el visado obligatorio para todos los ciudadanos checos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 10 de octubre de 1999