Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra
VIDA COTIDIANA

Los accidentes de tráfico están aumentando desde 1995 hasta adquirir carácter de epidemia

La Sociedad Española de Salud Pública advierte sobre la falta de reacción de las autoridades

Dieciséis muertos y cuatrocientos heridos diarios. Ése es el balance promedio de una de las epidemias más sangrantes, la de los accidentes de tráfico, en la que España no sólo no mejora, sino que está dando claramente marcha atrás. Desde 1995, el número de heridos y muertos en carretera ha vuelto a crecer de forma sostenida de manera que ya se han perdido la mayor parte de los logros alcanzados en la primera mitad de los años noventa. La tendencia sigue siendo ascendente y, sin embargo, las administraciones no parecen reaccionar ante un problema que, según los autores del informe de 1999 de la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (SESPAS), adquiere proporciones epidémicas.

"¿Qué ocurriría si cada año se estrellaran en España 15 aviones Jumbo sin dejar supervivientes? ¿Acaso nadie se plantearía qué ocurre con la seguridad del tráfico aéreo?". Con estas preguntas ilustra el epidemiólogo Antoni Plasencia, profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona y autor, junto a Salvador Moncada, del apartado de accidentes del informe SESPAS, la pasividad que en su opinión hay en relación a este problema.En 1998 se produjeron en España 97.570 accidentes de tráfico en los que resultaron afectadas un total de 147.000 víctimas, 6.000 de ellas mortales. De modo que los accidentes de tráfico son la primera causa de mortalidad en el grupo de edad de 5 a 24 años y la segunda en el de 25 a 34. Y son, con el sida en el caso de los hombres y el cáncer de mama en el de las mujeres, una de las tres causas más importantes de años potenciales de vida perdidos.

La curva de la siniestralidad vuelve a ser ascendente desde hace cuatro años, de modo que ya se ha perdido buena parte del terreno ganado entre 1990 y 1994, periodo en el que los accidentes con víctimas descendieron un 30% a causa del nuevo reglamento de seguridad vial (1992), el refuerzo del control policial, una intensa campaña de sensibilización pública y de la mejora de la red viaria.

Más coches

Antoni Plasencia no comparte el optimismo del director general de Tráfico, quien a principios de septiembre dio unos datos triunfalistas referidos al verano. Según Carlos Muñoz Repiso, entre el 15 de junio y el 31 de agosto pasados se produjeron 1.042 muertos, frente a los 1.070 del mismo periodo del año anterior. Este ligero descenso da pie al director general a subrayar que está descendiendo la siniestrabilidad. Un estudio realizado en Cataluña indica, sin embargo, que en los seis primeros meses de 1999 ya se había producido en esta comunidad un incremento del número de muertos del 50% respecto al mismo periodo del año anterior.Lo que importa, según Antoni Plasencia, no es un periodo determinado, sino la evolución y la tendencia que ésta dibuja. Y desde este punto vista, las estadísticas y las gráficas resultantes no permiten concesiones al optimismo. En el periodo 1995-1998, el número de accidentes y el de víctimas se ha incrementado en un 24%. El informe SESPAS, que se presentará en Sevilla en noviembre próximo, destaca el incremento relativo de víctimas entre los ocupantes de ciclomotores y motocicletas, que entre 1981 y 1994 ha sido del 80%, y de los accidentes en el medio urbano, que representan más del 52% del total, aunque los más graves se producen en las carreteras.

Comparativamente con otros países, España no tiene motivos para sentirse orgullosa. El director general de Tráfico apunta al incremento del número de vehículos como uno de los factores que explica la alta siniestralidad. Pero en otros países, como Alemania, Gran Bretaña u Holanda, ha crecido igualmente el parque movil, en proporciones incluso superiores a las de España, y sin embargo siguen mejorando los índices de siniestrabilidad. De hecho España se encuentra, de pareja con Francia, en la cola y sólo es superada por Grecia y Portugal. Así, mientras en 1996 se producían en España 136 muertos en accidentes de tráfico por cada millón de habitantes, Noruega tenía 58, Suecia 60, Gran Bretaña 63 y Holanda 76.

"El incremento observado", precisa Plasencia, "afecta tanto a los números absolutos como a las cifras en relación a la población y al número de vehículos, luego el incremento del parque móvil no es un hecho diferencial que explique la mala situación de España en relación a los accidentes de tráfico". Y tampoco ha variado en la última década la letalidad de los accidentes, porque sigue muriendo el 4% de las personas afectadas, lo cual plantea dudas sobre la eficacia de los medios de rescate en carretera.

El hecho de que entre 1990 y 1994 se produjera un notable descenso indica que se puede incidir sobre los accidentes de tráfico, y que, en consecuencia, si han vuelto a incrementarse es porque se ha bajado la guardia. Así lo estima Carlos Álvarez-Dardet, profesor de Salud Pública de la Universidad de Alicante.

El exceso de velocidad es una de las principales causas de accidente. Algunos organismos como el RACE o las concesionarias de autopistas se han pronunciado por un aumento de los límites en España. Los especialistas en movilidad tienen claro que cuando se aumentan los límites, aumentan los accidentes. Y en el caso de España, el incremento podría ser mayor aún, dada la tolerancia social que hay a saltárselos. Los países que han disminuido los límites de velocidad también han disminuido el número de muertos, y Alemania, que se cita a menudo como ejemplo de baja siniestrabilidad, no es cirto que no tenga límites. La mayor parte de su red viaria los tiene.

Lo importante, sin embargo, no es tanto el punto en el que fija el límite, sino el cumplimiento que se consiga. Los países nórdicos y algunos estados de EEUU exhiben muy bajos niveles de siniestrabilidad porque han logrado un elevado cumplimiento de sus normas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 10 de octubre de 1999