Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Editorial:

Las puertas del cambio

A SIETE días de las elecciones para el Parlamento de Cataluña, la campaña electoral no ha conseguido electrizar todavía al electorado catalán. Con un largo puente de por medio, y ya en la penumbra de la semana sin encuestas electorales, no es fácil que se produzca el sobresalto capaz de alterar las grandes líneas captadas por los sondeos electorales. Con independencia de los pronósticos concretos sobre porcentajes y escaños, hasta ahora todos favorables a CiU, la tendencia a una participación moderada y la escasa movilización de las bolsas de voto socialista del cinturón de Barcelona aparecen como punto común en todas las previsiones.Si Maragall ha proporcionado la sorpresa de contribuir con su candidatura a unas elecciones realmente competitivas, la sorpresa dentro de una semana sería que las puertas del cambio se abrieran de par en par tal como está pidiendo el ex alcalde de Barcelona. La foto fija de la carrera que es el sondeo realizado por Demoscopia para EL PAÍS revela que Pujol se dirige hacia la meta en cabeza, de tal forma que podría contar con una doble posibilidad para completar mayoría: con el PP o con Esquerra Republicana.

La fuerza de la idea de cambio, apoyada en la difícil digestión de las presidencias vitalicias, no ha penetrado suficientemente en el electorado. La campaña de CiU ha conseguido reafirmar la idea de imbatibilidad del veterano y bregado presidente. La posibilidad de su derrota ha quedado tan bien dibujada que el propio Pujol ya no hace referencia a que sea su última campaña, ni ha recurrido al voto de la lástima. Duran i Lleida, convertido en número dos virtual desde su octavo lugar en la lista, ha conseguido acallar la crítica sobre la sucesión como si fuera ya un tema resuelto. En consecuencia, si Pujol vence, será dificil convencerle de que no siga presentándose tantas veces como quiera.

Pero los dados no han sido lanzados todavía. En los últimos días de campaña se juegan algunos puntos de participación, la clave de estas elecciones. Y cualquier error en el último tramo puede ser decisivo. Pujol ha cometido uno enorme el último día en que se realizaban los sondeos -fruto de una peligrosa asociación psicológica- en su frase más sonada de la campaña: "El dinero es para Cataluña, no para mí; yo ya tengo a mis siete hijos colocados". Asociar la reivindicación de un régimen fiscal especial para Cataluña con las ventajas reales o supuestas que la familia Pujol haya podido extraer de la Administración catalana no se le hubiera ocurrido ni al más maquiavélico de sus enemigos políticos. Pero ahí queda ese error como ejemplo de que incluso el más dotado y el más pundonoroso y trabajador de los políticos es incapaz de evitar los actos fallidos.

Maragall, en cambio, aunque ha podido empantanarse en alguno de los numerosos rifirrafes de campaña, no ha cometido hasta ahora ningún desliz equivalente. No es lo más acertado evocar las responsabilidades de Pujol en el estado de desidia en que se hallaba el Liceo antes del incendio precisamente en un día tan señalado como el de la inauguración. Pero sus equivocaciones no son, por el momento, declarativas. La incierta instalación de la idea de cambio en el electorado catalán, el bajo tono de la campaña y la tenue movilización del semillero socialista del cinturón industrial de Barcelona son las debilidades de su campaña. Ha conseguido situarse muy dignamente como competidor de Pujol, pero, con las urnas a una semana vista, le falta todavía un efecto de arrastre que los sondeos no ponen de manifiesto para que las puertas del cambio no queden tan sólo entornadas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 10 de octubre de 1999