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Editorial:

Aberchan en el laberinto

El presidente de Melilla, Mustafa Aberchan, se ha desmarcado del GIL, pero esa decisión no borra, a los ojos del Partido Popular (PP) y de la Unión del Pueblo Melillense (UPM), su pecado original -que contó con la sorprendente complicidad de dos diputados socialistas- de haber formado Gobierno con el partido del alcalde de Marbella. Éste es el principal motivo de las dificultades de Aberchan para transformar su actual Gobierno, basado en los cinco diputados de su partido y en los tres que le ha prestado ahora el Partido Independiente de Melilla (PIM), en un "Gobierno de concentración", apoyado en los 18 diputados de todas las fuerzas políticas melillenses, con excepción del GIL. El PP y la UPM han dicho a Aberchan que no están dipuestos a secundar sus planes. Quieren poner el reloj a cero, es decir, recuperar el pacto de gobierno que fracasó por el cambio de voto de los dos diputados socialistas. Aberchan acepta renegociar el reparto de poder siempre que se acepte su continuidad en la presidencia. Se produce, pues, una situación de bloqueo: Aberchan preside un Gobierno minoritario y en precario, más pendiente de sobrevivir que de gobernar, aunque está a salvo de posibles mociones de censura que pasarían por el GIL. Aberchan se ha metido y ha metido a Melilla en un jardín barroco. Tres meses después de las elecciones, la ciudad sigue sin un Gobierno estable y representativo, capaz de afrontar sus numerosos y graves problemas. Es posible que entre la dimisión de Aberchan y su continuidad sin más al frente del Gobierno -actual línea divisoria entre el PP y el PSOE- pueda plantearse una votación de confianza. Es una idea que ha apuntado el dirigente del PP en Melilla Ignacio Velázquez lo que parece indicar que este partido ha relativizado su posición inicial y que no se opondría a una confirmación de Aberchan al frente del Gobierno siempre que fuera convalidada por la Asamblea.

Con independencia del oportunismo de Aberchan, hay motivos políticos y sociales para que su partido -Coalición por Melilla, el segundo más votado el 13-J, detrás del GIL- siga asociado al Gobierno de la ciudad. Pero Aberchan no puede pretender, tras su temeraria alianza con el grupo que apadrina el alcalde de Marbella, que tiene un derecho adquirido sobre la presidencia. Tampoco el PSOE puede constituirse en abogado de este presunto derecho después de que sus representantes rompieran el pacto original, dando vía libre al trato entre Aberchan y el GIL. Pero en ningún caso puede prolongarse indefinidamente el actual desgobierno de Melilla. Crisis como ésta han sido el caldo de cultivo en que se han alimentado el voto de Gil y el GIL.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 9 de septiembre de 1999