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ENTREVISTA

"Lo primero que hay que enseñar al perro es la palabra no"

El inspector José Ocaña adiestra desde hace dos años a uno de esos rottweiller que se ven a veces tras el banderín del córner en los partidos de fútbol atrapando con su mandíbula el balón o manteniendo a raya a los hinchas más fanáticos. Gorki pesa 60 kilos, ha cumplido ya 24 meses y juega a menudo con los hijos del inspector, una niña de 11 y un chiquillo de 12 años. Está entrenado por Ocaña para soportar presiones ambientales como la final de la Copa de Europa y la del Rey, espectáculos que ambos presenciaron al pie del terreno. El perro jamás osaría atacar a alguien sin la orden de su amo. Y aun así, Ocaña asegura que nunca se le ocurriría llevarlo suelto por la calle.Pregunta. ¿Qué hacer cuando un perro se viene hacia nosotros con actitud amenazante?

Respuesta. Nunca se debe pasar corriendo por delante de un perro que muestre una actitud agresiva porque se potencia su instinto de caza. Tendremos que pararnos, aunque vayamos haciendo footing. Tampoco hay que ponerse en cuclillas en plan amistoso ni agacharse a coger una piedra. El perro mide a su adversario por la altura. Si te agachas te pones en inferioridad. Y nunca hay que mirarle fijo a los ojos. Jamás. Porque en el lenguaje canino eso significa que se le está retando. Tampoco hay que darle la espalda. Tenemos que irnos retirando sin perderle el frente. Es como decirle: "No te tengo miedo, pero no quiero nada contigo".

P. ¿Y qué hacer cuando un perro muerde a una persona y no la suelta, como ocurrió en julio en Valencia con el rottweiller que no dejó de morder a una niña hasta matarla, a pesar de que los dueños le golpeaban?

R. Con un adulto el perro muerde y suelta. Con el niño emplea lo que se conoce como mordida de caza, que se prolonga en el tiempo. Y eso es porque sabe que la presa no le va a hacer nada. Hay perros psicológimente débiles que a lo mejor huyen con un buen palo en el lomo. Pero otros, mientras la presa esté viva no dejan de apretar, incluso corrigen la mordida. Por tanto, la víctima en esa situación debe de intentar quedarse completamente quieta. Si el dueño empieza a pegarle, el perro entra a veces en actitud de defensa, no siente los palos. Entonces el dueño debería acariciarlo, tranquilizarlo, no hacer movimientos bruscos y ordenarle que suelte. Ya una vez quieto, el amo debe meterle la mano en la boca o darle un pellizco en la parte de atrás, entre el muslo y la tripa.

P. ¿Dónde nace la leyenda de que a los doberman les crece el cerebro a medida que se convierten en adultos y al no caberle en la cabeza se vuelven locos?

R. Lo mismo que el rottweiller está ahora de moda, en su tiempo lo estuvo el doberman. Tal vez esa leyenda sin fundamento nació porque cuando los perros, de cualquier raza, se hacen mayores, hay enfermedades que les producen agresividad. P. ¿Qué conocimientos imprescindibles debe tener el dueño de un perro de presa? R. Lo primero que hay que enseñarle a un perro desde pequeñito es la palabra no. Hay que irle diciendo la posición que ocupa. Hasta los niños tienen que estar por encima de él. Un perro de dos meses que te gruñe a ti o a tu hijo hay que cogerlo del cogote y balancearlo, que es la manera que tienen las madres perras de castigarle. El perro suele pasar por dos etapas de crisis de dominio: una, a los 14 meses (cuando deja de ser cachorro), y otra, a los tres años. En la primera crisis intenta buscar una posición jerárquica en su manada. Empieza a gruñir y a no sentarse cuando se le ordena sentarse. Y el otro periodo llega cuando acaba de madurar, a los tres años. Es de menos intensidad. Es como cuando uno tiene 30 años, que se replantea la vida: ¿y para esto he estudiado yo? Pues bien, en esos momentos no ha de consentírsele nada. Además, como estos perros ganan corpulencia mucho más rápidamente que los niños, se pueden creer superiores a ellos si se les deja creérselo. También hay que tener en cuenta que el rottweiller madura muy tarde. Mientras un pastor alemán puede ser adulto a los 14 meses, el rottweiller sigue siendo inmaduro a los dos años.

P. ¿Qué hacer con los perros que se nos acercan ladrando?

P. Nunca hay que acariciarlos creyendo que así se tranquilizarán. Ponerle la mano encima de la cabeza es como ponerte por encima de él, es un gesto de superioridad. Y hay perros que no te lo admiten. Aunque un perro nunca lo haya hecho, te puede atacar en un momento dado. Es un ser vivo. El perro siempre quiere olerte; por tanto, hay que ponerle la palma de la mano a la altura de su nariz, como si se le fuera a entregar alimentos.

P. ¿Usted ata a su perro en la calle?

R. Por supuesto. Además, hay una normativa del Ayuntamiento de Madrid que obliga a ello. Yo, cuando salgo a correr por la Casa de Campo, lo llevo atado. Y eso que a mí me obedece. Pero eso lo sé yo, el ciudadano que viene no tiene por qué saberlo. Es por consideración a la otra persona.

P. ¿Por qué la policía usa rottweiller en su defensa y no otra raza como el pitbull?

R. Porque la presencia que tiene impone mucho psicológicamente. Los franceses utilizan el pastor belga malinoir porque se activan fácilmente y muerden como cocodrilos. Pero impresionan sólo cuando muerden. Sin embargo, el pastor alemán y el rottweiller son más tranquilos y aguantan más la presión de la gente

El pitbull tiende a mantener la mordida, no suelta. Entonces te quedas sin perro enseguida, te deja indefenso ante otros agresores

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 8 de agosto de 1999