Jornal de agosto

"La caricatura es el retrato de la vida"

"Como mínimo, tengo un dibujo en cada país del mundo, porque estoy en contacto con todas las nacionalidades. Es una satisfacción". Mesian lleva nueve años haciendo caricaturas en la plaza Mayor, todos los días, de once de la mañana a doce de la noche, incluso en invierno. Gana 1.000 pesetas por dibujo. Este argelino vive desde hace 22 años en Madrid, adonde llegó empujado por una fuerte curiosidad hacia el mundo y el deseo de aventura. Su edad no quiere revelarla, quizá por coqueto, o simplemente por despistado. "Voy para los 24", bromea Mesian. "Es cuando se me paró la memoria", explica. Y añade: "A mí me han enseñado que la edad se mide por la flexibilidad de la columna vertebal. Al estar todo el día sentado, tendré por lo menos 300 años".Y es que el trabajo en la calle no es tan libre o bohemio como muchos pensarían. Mesian curra en la plaza Mayor 13 o 14 horas diarias, los siete días de la semana. "Porque no existe el octavo", asegura. En invierno dibuja los rostros de turistas y españoles hasta medianoche, pese al frío y a la lluvia. En verano puede quedarse incluso hasta las dos de la madrugada. "Hay días en que no ganas ni un duro, como hace dos domingos", revela Mesian, que en las jornadas más fructíferas llega a dibujar 20 caricaturas.

Contrariamente a lo que aparenta el paisaje humano de la plaza, donde abundan los turistas extranjeros, la mayoría de sus clientes son españoles. "La gente aquí es más irónica, se ríe más", asegura el dibujante. "Los turistas en Madrid, en cambio, mean más y van menos al restaurante o a hacerce retratar", añade. Y expone con precisión su estadística: "El italiano casi nunca tiene dinero; el francés habitualmente es tacaño; los nórdicos tienen poco sentido del humor, especialmente los alemanes; ingleses, hay pocos. En cambio, los americanos son buenos clientes cuando están aquí de viaje, en primavera". Pero los españoles gastan más. "Cuando hay fiestas o puentes, están muy alegres. Entonces se dejan retratar", afirma Mesian.

Un cliente se sienta frente a él, y Mesian termina la caricatura en dos escasos minutos. "El tiempo es lo de menos, en lo que más tardas es en convencer a la gente; es tu arte y, al mismo tiempo, un trabajo añadido", apunta. "Para aumentar mi poder de persuasión, a veces les juro que les voy a sacar bien, pero la gente en este país es cada vez menos religiosa y no me hacen caso", bromea, "quizás desconfían de mí porque no tengo pelo y tengo las orejas un poco agudas".

Lo que más le molesta es cuando llega un grupo de chavalitos que le rodea mientras dibuja. "Están todos ahí mirándote y diciendo tonterías", describe. "Está claro desde el principio que no se van a dejar retratar, y por eso es aún más fastidioso", se queja. Pese a estos pequeños inconvenientes, con los años, Mesian aprendió a querer su trabajo, hasta el punto que ahora necesita un "antídoto" para dejarlo. "Es como estar enamorado de una mujer imposible", aclara Mesian. "Algún día tendré que renunciar a esto porque es muy duro". La decisión de Mesian de dedicarse a la caricatura no se debe sólo a la necesidad de buscarse la vida; procede más bien de una elección consciente. "Creo que la caricatura es el más fiel retrato de la vida", explica el artista, que atendió durante tres años una academia de pintura en Madrid. "Luego me di cuenta de que la vida es una risa y el mundo es cachondeo, y por eso terminé enganchado en este trabajo", declara Mesian, para quien la caricatura consiste en sacar lo que está oculto en un rostro. "Lo mejor es poderse reír de cualquier cosa, porque cuando te ríes, te olvidas de todo", apunta.

Y de hecho, Mesian reconoce tener una memoria terrible. "Hace poco, se me acercó una chica muy guapa sonriendo", cuenta. "Ya empezaba a confiar en mis dotes de conquistador. Pero se trataba de una chica italiana con quien había conversado largo rato unos días antes. No me acordaba", asegura.

Las mujeres son un factor importantísimo en la profesión de Mesian. "Yo estoy aquí por ellas", admite. "Me gusta mirarlas y me enamoro cada cinco minutos. Pero hasta ahora no he cazado muchos pájaros. No soy un donjuán, y ésta es mi cruz", bromea. Para este retratista, el momento más feliz del día es cuando, terminada su jornada de trabajo, camina despacio hacia la plaza de Oriente, mejor aún si lo hace en compañía de una muchacha hermosa.

Sin embargo, la belleza no es tan importante para Mesian. "Para mí no existen el guapo y el feo. Mejor dicho, lo más feo para mí es en realidad lo más guapo, porque es ésta la caricatura que mejor me sale. En cambio, los guapos no dan juego para hacer una buena caricatura", afirma.

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 07 de agosto de 1999.