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Reportaje:

Los belgas vienen a curarse

En Bélgica, la Comunidad Valenciana tiene fama de balsámica. Si estás enfermo y tienes posibles, nada mejor que venir a vivir aquí para que la salud comience a ganar enteros. Interitis intestinalis. A este latinajo responde la enfermedad estomacal que sufrían los hijos de los belgas Guy Verhelst y Lutgarde de Neve, una infección de los intestinos que empujó a la familia a fijar su residencia en Calpe (La Marina Alta). Desde entonces, el estado físico de sus hijos no ha dejado de mejorar. La salud es lo primero para esta familia belga, por lo que no tienen ninguna intención de regresar. Además, Guy y Lutgarde han logrado en los dos años que llevan en Calpe establecerse como dúo artístico. Él al piano y ella al violoncelo ofrecen su música por las casas de cultura de las poblaciones cercanas y en el Palacio de Congresos de Valencia. Sus relaciones con los valencianos, limitadas por la barrera de un idioma que todavía están aprendiendo, han sido desiguales. "Los hay que nos han robado y que nos han ayudado porque les gusta nuestra música", señalan. Antes de venir, de España apenas conocían el dicho de "vuelva usted mañana". Para un belga medio, España es "paella, flamenco, naranjas, sol y montañas". Aquí han descubierto algo más: el color azul del mar, que les resulta "muy bonito", ya que en Bélgica es gris, a juego con el cielo casi siempre nublado. Antes de establecerse en la Comunidad Valenciana, conocían la España pirenaica. Observan "una gran diferencia entre españoles del norte y del sur. Los catalanes son más serios", opinan. Poco a poco se van integrando. Aunque comen a horas belgas, incorporan platos españoles. "La paella me sale tan buena como la de muchos restaurantes", asegura Lutgarde. "Tiene algo de española", bromea su marido en alusión a posibles fechorías de los Tercios de Flandes. Lo que más les gusta. El clima y el ambiente internacional que se respira. Como músicos, Guy y Lutgarde necesitan del cosmopolitismo para conocer otras músicas y otras culturas con las que enriquecer sus partituras. Los españoles que han conocido en Calpe son abiertos, aunque han tenido alguna experiencia negativa que no les permite generalizar. Lo que menos. Les resulta más difícil encontrar trabajo como músicos que en Bélgica, pero van abriéndose camino. Lo que más les chocó al llegar. Guy y Lutgarde se lo piensan, dicen que no hay muchas cosas que les sorprendan, pero después se sueltan. Lo primero, la siesta y que las tiendas cierren al mediodía. "Después de dos años seguimos sorprendiéndonos, porque en Bélgica abren de nueve de la mañana a cinco de la tarde y ya está", recuerdan. Lo segundo, que se coma tan tarde. Lo tercero y principal, la pirotecnia. "Para un belga es difícil convivir con el ruido y aquí tiran cohetes en las fiestas, en las bodas...", dicen. Es el único momento en el que suspiran: "ah, los españoles...". Cuarto: la variedad del paisaje. "En Bélgica no hay montañas", explican. Una sorpresa más: la falta de concienciación por el reciclaje. "En Bélgica tuvimos problemas con la basura y desde entonces la separamos. Es una lástima que aquí no se haga. También hay gente que tira la basura en el bosque. Los españoles tienen poco respeto por el medio ambiente." Así nos ven. Guy y Lutgarde realizan un sencillo análisis: en la Comunidad Valenciana llueve menos que en Bélgica, la calidad de vida aumenta y la gente es más tranquila. Los belgas son más depresivos y están más estresados porque se trabaja con más prisas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 8 de agosto de 1999