El regreso de los 'basiyis'

Las jóvenes iraníes habían empezado a maquillarse sin temor a que los basiyis las pararan en medio de la calle y las obligaran a desmaquillarse con un estropajo o incluso, en algún caso extremo, les lanzaran ácido sulfúrico a la cara. Los voluntarios de las milicias islámicas se fueron eclipsando con la llegada de Jatamí, y ése era un motivo más para apoyar al nuevo presidente. Ahora, con la revuelta estudiantil, han vuelto a hacer acto de presencia. Este cuerpo paramilitar de radicales islámicos fue creado por el imam Jomeini durante la guerra con Irak para organizar la resistencia popular a las tropas enemigas y llegó a contar con 20 millones de miembros. Acabada la contienda, los basiyis (que en farsi significa movilizados) se reciclaron en defensores de la moral islámica, incluso más allá del espíritu de la ley. Hoy, bajo dependencia orgánica de los Guardianes de la Revolución, aseguran contar con cinco millones de afiliados, en su mayoría hijos o hermanos de mártires de la guerra, la base social que sustenta el núcleo duro de la República Islámica.

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Hasta que los voluntarios tomaron ayer las calles de Teherán, el hostigamiento a los estudiantes procedía sobre todo de los miembros de Ansar-e-Hezbolá (Simpatizantes del Partido de Dios). Más conocidos como los vigilantes, son una de las difusas bandas surgidas de Hezbolá, el partido creado por el clero radical para hacer frente a la Revolución Islámica (1979).

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0013, 13 de julio de 1999.

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