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Reportaje:

Votar con el agua al cuello

En los valles navarros de Lónguida y Arce, en los que esperan los pueblos que las aguas del embalse de Itoiz amenazan con engullir, no hay ni rastro de la ruidosa campaña electoral que rodea al resto del mundo, aunque éstas pueden ser sus últimas elecciones. "Desde que nos dijeron que nos tendríamos que ir de nuestras casas por vez primera hasta hoy hemos votado ya en cuatro elecciones municipales y forales", indica una vecina de Itoiz. "Y esperamos seguir haciéndolo", añade con indudable optimismo. La gigantesca presa de hormigón domina un verde valle atravesado por los ríos Irati y Urrobi en el que la primavera aprieta y los trabajos del campo no dejan respiro. Itoiz, con 17 vecinos censados, es el pueblo más cercano a la presa. Si el embalse es considerado legal por el Tribunal Constitucional, el pueblo desaparecerá para siempre. Las elecciones municipales tienen aquí un regusto de supervivencia. "Hay dos candidaturas bien diferentes", indica Fermín Gorraiz, que ha sido concejal del Ayuntamiento de Lónguida en esta legislatura. "La Popular de Lónguida, opuesta al pantano, que denuncia los movimientos especulativos que se están creando alrededor de un proyecto ilegal, y la Agrupación Electoral Irati, que no se opone a la obra. En la actual legislatura ellos han tenido 4 concejales y nosotros 3. Ahora esperamos darle la vuelta a la tortilla", añade Gorraiz, agricultor de profesión. Cinco concejos conforman el Ayuntamiento de Lónguida: Ecay, Villaveta, Aós, Murillo y Artajo. Además, fruto del complejo mapa administrativo municipal de Navarra, votan para el municipio los concejos extinguidos (los de menos de 16 habitantes, entre ellos Itoiz, a pesar de que ahora ha aumentado población) y los llamados cotos redondos o caseríos. En total, unos 280 electores. Muchos de ellos no viven en estos pueblos, aunque mantienen en ellos su empadronamiento. En 1995, con el conflicto de Itoiz en un momento álgido, votó el 90% del censo. "Fue muy raro alcanzar semejante proporción de voto", opina Gorraiz. "Sospechamos que alguna presión externa tuvo que haber con el objetivo de frenar el apoyo local a la candidatura que se oponía a las obras del pantano, aunque la opción a favor o en contra no siempre obedece a motivos de edad, dinero o procedencia, sino que son más complejas. Muchas veces responden a la pertenencia a familias o a grupos concretos y a los intereses de cada uno", señala el joven vecino de Itoiz. Además de Itoiz, el embalse hará desaparecer otros pueblos habitados, como Artozqui, al norte de la presa, perteneciente al valle de Arce. Apenas una decena de vecinos vive permanentemente en sus casas, aunque los fines de semana, al igual que ocurre en Nagore (Valle de Arce), son bastantes más los empadronados que acuden a la localidad, que las aguas cubrirán parcialmente. Núcleos como Orbáiz, Osa, Górriz o Rala, correrán la misma suerte, pero se encuentran ya deshabitados. La historia se repite en el valle de Arce, con unos 300 vecinos en edad de votar: dos candidaturas municipales. Una favorable al pantano, con mayoría en 1995, y otra opuesta y minoritaria en la legislatura que ahora acaba. En la presente campaña de elecciones al Gobierno de Navarra, que en estos valles ha ganado casi siempre UPN, apenas se habla de Itoiz. Parece ser un tema relegado de los discursos oficiales de los candidatos a la presidencia de Navarra. Alguna aislada alusión a la recién comprometida financiación del Canal de Navarra, que nacerá junto a la presa, y poco más. "Quizá sea un buen síntoma", indica un vecino. "Con los varapalos legales que el Supremo y la Audiencia Nacional les han dado, a lo mejor no se atreven a alardear del asunto por si al final se declara ilegal", añade. Las obras de construcción del dique principal hace mucho que se acabaron. Casi todo lo demás está prohibido por los jueces y sólo avanza la variante de carretera que construye el Gobierno de Navarra. No ha habido ni habrá mitin o caravana alguna en sus pueblos y carreteras. A pesar de la amenaza latente, la proporción de habitantes jóvenes se ha mantenido en los últimos años. "La población menor de 40 años es similar en número a la de mayores de esa edad", indica Fermín. "El retroceso se ha parado y hay trabajo en el cereal, las vacas y las ovejas, sobre todo". El destino de sus propios pueblos se juega en el Tribunal Constitucional, pero ellos confían en el destino. Al menos, quienes se oponen al embalse. Basan su programa en la defensa de los intereses de quienes viven en estos valles por encima de los movimientos especulativos surgidos al abrigo de las obras. Reforestar, salvaguardar el patrimonio histórico-artístico (está previsto trasladar piedra a piedra la iglesia de Artozqui, en Arce, para salvarla de las aguas), frenar la despoblación, son objetivos del programa electoral de quienes no desean que un gran pantano acabe con los valles en los que nacieron y crecieron. "Del total de electores, los afectados directamente por la posible inundación somos una minoría", reconoce Fermín. "El resto viven fuera o han dejado ya de luchar ante los hechos consumados. Incluso hay propietarios de grandes fincas que han vendido, personas pertenecientes a la nobleza, con propiedades en Ezcay, en Liberri, en Uloci, que vienen a votar aquí en cada ocasión", comenta el joven concejal, que no se presenta a la reelección, aunque otros continuarán con la ilusión de pensar en que habrá al menos una próxima legislatura para trabajar.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 6 de junio de 1999