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Reportaje:

Un remedio contra la depresión

No hay psiquiatra que cure semejante depresión. Pasaia vive este síndrome desde que sus dos principales pulmones, la industria y pesca, comenzaran a dar síntomas agónicos. Por increíble que parezca, Pasaia pasaba por ser el principal puerto pesquero español hace tan sólo 30 años. Entonces se llegaban a descargar más de 100.000 toneladas de bacalao y su flota rondaba las 400 embarcaciones. La actividad pesquera era tan rica que supuso un reclamo para que mucha gente de la mar, fundamentalmente gallega, recalara en Pasaia. La flota actual ha mermado tanto que apenas sobrepasa los 40 barcos. Muchas de las pujantes empresas de entonces (Campsa, Bianchi, Luzuriaga) tuvieron que cerrar producto de la crisis que padeció todo el tejido industrial vasco. A Pasaia le habían tocado en su línea de flotación, aquella sobre la que había asentado su economía y progreso. Durante dos largas décadas (1975-1995) esta población integrada por cuatro distritos (San Juan, San Pedro, Trintxerpe y Antxo), no atisbaba ninguna luz para transformar aquel tejido obsoleto. El cuadro clínico se agravaba. Se sostenía gracias a la actividad mercantil de su puerto natural, motor económico cuyos beneficios apenas revierten fiscalmente en el pueblo (con un presupuesto de 2.200 millones de pesetas), ya que es de titularidad estatal. Pasaia vagaba sin norte, atenazada por un panorama que le ha dejado como lastre ser la población más deprimida de todo Guipúzcoa. Su renta per cápita apenas alcanza las 805.000 pesetas, la tasa de paro registrado se sitúa en un 11%, su crecimiento es negativo, el éxodo de población en estos últimos 20 años ha alcanzado el 18% y ni siquiera existe una vivienda de protección oficial para amarrar a la juventud. La marginalidad se ha ido adueñando en este pueblo de las eternas promesas, de las ingentes ayudas que las instituciones le prometían en época electoral y que por ser de tan grande magnitud no han llegado. Pasaia necesita un tratamiento de choque, un impulso eléctrico que motive una reacción en cadena en los generadores de riqueza. La Diputación comenzó a mediados de la legislatura pasada una ambiciosa operación para rehabilitar la zona. La apuesta se materializó a finales del año pasado con la firma de un convenio que compromete a los gobiernos central, foral y vasco a invertir en cuatro años más de 3.000 millones de pesetas y crear cerca de 1.000 empleos. Sin embargo, la atracción de nuevas empresas tropieza de lleno con la falta de espacio. Sus 11 kilómetros y medio de superficie están ocupados por suelo urbano. Pasaia se ha asociado con el resto de poblaciones de la comarca de Oarsoaldea (Rentería, Lezo y Oiartzun) para crear nuevos terrenos y reorganizar una actividad industrial de la que pueden beneficiarse aprovechando el corredor entre Biarritz y San Sebastián. Los regidores de este municipio son conscientes de que la sociedad industrial se acaba. Y apuntan hacia un futuro que pasa por la terciarización. A ello contribuiría la puesta en marcha del Parque Temático y Museo Naval en Pasaia, la construcción de una dársena deportiva, la creación de una zona de actividad logística y de transporte en Lezo, Rentería e Irún, e incluso la construcción de una industria del cine en la zona de La Herrera. Todo un reto para que la agobiada Pasaia olvide su gran depresión.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 6 de junio de 1999