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GUERRA EN YUGOSLAVIA Acuerdo de Paz

Las discrepancias sobre las negociaciones enfrentan a Chernomirdin con Ivanov

El ministro ruso de Exteriores considera que la crisis está todavía "lejos de solucionarse"

El ministro ruso de Exteriores, Ígor Ivanov, admitió ayer que mantiene "ciertas diferencias" sobre la crisis de Kosovo con el enviado especial de Borís Yeltsin, Víktor Chernomirdin. Aunque, de cara a la galería, sostuvo que existe unidad de acción -"trabajamos juntos", señaló- y que es el presidente ruso quien coordina los esfuerzos diplomáticos, el titular de Exteriores dio carta de naturaleza a la quiebra en el liderazgo ruso sobre la política seguida en el conflicto entre Alianza Atlántica y Yugoslavia.

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El mediador ruso, acusado estos días de traidor y cartero de la OTAN por comunistas y nacionalistas, que consideran que ha contribuido a hacer claudicar a Slobodan Milosevic, sigue defendiéndose con el argumento de que no ha hecho sino cumplir las instrucciones de Yeltsin. El líder del Kremlin aún no ha dado un respaldo público a Chernomirdin pero, según éste, le ha expresado la satisfacción por su trabajo con esta frase literal: "Muchas gracias por todo lo que has hecho. Estoy satisfecho y debes continuar trabajando".Al menos en los dos últimos días, sin embargo, el protagonismo ha pasado a Ivanov, que ayer se reunió con Yeltsin en el Kremlin y le señaló "el papel coordinador del ministerio" en el esfuerzo negociador. Siempre según el jefe de la diplomacia rusa, el presidente fijó los siguientes cuatro objetivos: alto el fuego inmediato, resolución del Consejo de Seguridad de la ONU, estudio de la participación rusa en la fuerza de pacificación y reconstrucción de Yugoslavia. Respecto a quien debe pagar la factura, Ivanov fue rotundo: esa misión corresponde a "quienes han bombardeado Yugoslavia durante más de setenta días".

Sobre la cuestión clave de la participación en el contingente pacificador, el liderazgo ruso está lejos de haber llegado a una decisión definitiva. Ni siquiera da la impresión de que se esté en condiciones de aportar en cuestión de días los 5.000 o 10.000 hombres de que se habla oficiosamente.

Ivanov y Chernomirdin respaldan a los militares, que rechazan poner a un sólo soldado ruso bajo mando de la OTAN pero, desde el cuartel general de la Alianza, se insiste en que no se dejarán huecos sin cubrir en Kosovo a la espera de que Moscú se decida. Ivanov dijo ayer que los detalles de la presencia internacional deben ser objeto de la resolución de la ONU, y que Rusia sólo participará si se se arbitra una fórmula que le resulte aceptable. Rusia, como China -de donde acaba de regresar Ivanov-, dan la máxima importancia al próximo debate en el Consejo de Seguridad, donde ambos países tienen derecho de veto. Está claro, sin embargo, que el órgano ejecutivo de la ONU no va a cambiar la sustancia del acuerdo aceptado por Yugoslavia, que consagra el papel central de la OTAN.

Ivanov puso ayer el énfasis en que la crisis está lejos de poder darse por cerrada. "No estamos en la etapa final", señaló, "sino prácticamente al comienzo de la pacificación. Es un problema muy complejo y queda mucho por hacer". [La reunión de ministros de Exteriores del G-8 para evaluar el proceso de paz en los Balcanes que debía celebrarse hoy en Bonn, ha quedado aplazada hasta mañana por razones de agenda, según informó el ministerio alemán de Exteriores].

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 6 de junio de 1999