Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Tribuna:

Victoria de un patógeno causante de septicemias

Los temores se han confirmado en los últimos meses: varias cepas de Staphylococcus aureus, una bacteria causante de septicemias en cuidados intensivos, se han vuelto resistentes a vancomicina, el último antibiótico universalmente activo frente a este patógeno. En la guerra patógeno-antibiótico las victorias resultan pírricas por su caducidad. La aparición de resistencias a cada nuevo antibiótico y el incesante desarrollo de alternativas se asemejan a las frustrantes labores de Sísifo acarreando su roca ladera arriba para verla rodar hacia abajo cuando la cima estaba ya próxima.Una alternativa cualitativamente diferente al problema de las resistencias podría ser la utilización de los péptidos (pequeñas proteínas) que plantas y animales emplean como barreras primarias de defensa. Estos péptidos han permitido explicar, por ejemplo, cómo los insectos, que carecen de anticuerpos y suelen vivir en entornos insalubres, controlan eficazmente las infecciones. Se han descrito más de 400 estructuras de estos péptidos, naturales u optimizadas por síntesis química. Los análisis del genoma actualmente en curso pueden aumentar el arsenal de moléculas disponibles.

¿Por qué suponen estos péptidos una alternativa? La razón radica en su mecanismo de acción: el péptido perturba la estructura de la membrana del microbio, provocando su muerte. A pesar de su aparente sencillez, el mecanismo es suficientemente específico para distinguir entre las membranas de bacterias (a destruir) y de animales (a preservar). En ese escenario, la aparición de resistencias es improbable: para ello el microbio debería variar la composición de su membrana, un proceso muy complicado.

Tres compañías farmacéuticas estadounidenses ensayan ya péptidos de este tipo contra la fibrosis quística, úlceras diabéticas o infecciones bucales. El principal inconveniente de los tratamientos basados en péptidos es por ahora su coste, unas diez veces más que los antibióticos tradicionales. Una posible solución, a la que nuestro equipo ha contribuido, son los análogos sintéticos de menor tamaño. Otras alternativas imaginativas son el uso de plantas transgénicas que expresen el correspondiente péptido. En los próximos años sabremos si las expectativas en torno a estos péptidos son razonables. Tal vez la cuña que impida la caída de la roca de Sísifo tenga en el próximo siglo naturaleza peptídica.

Luis Rivas es investigador del Centro de Investigaciones Biológicas (CSIC) y David Andreu es profesor de la Facultad de Ciencias Químicas de la Universitat Central de Barcelona.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 5 de mayo de 1999