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Chávez asume hoy el poder en Venezuela con la promesa de sacar al país del "infierno"

ENVIADO ESPECIALEl presidente saliente de Venezuela, Rafael Caldera, emocionado hasta el llanto en su despedida, pidió perdón al Congreso por los errores de su gestión y destacó que nadie hubiera podido acometerla con tanto esfuerzo y tan recta intención como él mismo. "Entrego", dijo, "un país en marcha, en democracia, pese a las maniobras para destruirla". "En marcha hacia el infierno de Dante Alighieri", reaccionó el exteniente coronel golpista Hugo Chávez, que hoy asume su puesto como nuevo jefe de Estado.

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Chávez asalta hoy pacíficamente el palacio de Miraflores acompañándose, en funciones importantes, por oficiales que secundaron el cruento cuartelazo de 1992. Su programa es manifiestamente radical en lo político, al pretender alterar desde sus cenizas los poderes del Estado, e incierto en sus postulados económicos, aunque el comandante haya confirmado en su puesto a la ministra de Hacienda del Ejecutivo saliente para demostrar que sus intenciones no son ni golpistas ni comunistoides. El rostro amable del comandante, sus convocatorias a la inversión nacional y extranjera, las declaraciones que atemperan el arriscamiento de campaña, inevitables porque los números y la debilidad financiera las imponen, son escrutadas aviesamente por el extremismo del Polo Patriótico, que puede transmutarse en frente desaforado si considera que el comandante ha sido absorbido, y seducido, por las fuerzas reaccionarias de siempre.

El MAS (Movimiento al Socialismo), una de las fuerza del Polo, por causas más complejas y ambiciones no atendidas, sufre ya una división entre quienes permanecen fieles al paracaidista de la boina roja, que promete el oro y el moro, y quienes, en la corriente Izquierda Democrática, marcan distancias sin soltar amarras. "Hay factores internos que pueden frustrar las expectativas de cambio", admite el nuevo ministro de Relaciones Exteriores, el periodista José Vicente Rangel.

Los elementos de la eventual frustración son de variada procedencia: nacidos en el Movimiento Quinta República (MVR), fundado por Chávez, vértice del Polo Patriótico, domicilio de militares en retiro de lealtad inquebrantable al líder y de civiles que piensan por sí mismos, o consecuencia de los choques y prisas de la dirección o militancia de los grupos que completan la agrupación. Otros obstáculos son más importantes y complicados: la caída de los precios del petróleo casi diez millones de dólares menos cada año, el encarecimiento del crédito internacional y la cuantiosa deuda externa, en torno a los 30.000 millones de dólares (4,3 billones de pesetas). Todos ellos lastrarán las intenciones reformadoras, el prometido saneamiento de la salud, la educación, la vivienda y el combate contra la delincuencia.

Como sucede en todos los relevos, los nuevos inquilinos de Miraflores también claman contra la herencia recibida y aseguran recibir un país hipotecado.

Caldera, que aplaudió el golpe de febrero de 1992 al entender sus razones y que ganó la presidencia con los votos de quienes hubieran preferido dárselos al rebelde encarcelado tras la fallida intentona, escucha ahora, y lee, terribles cargos en su contra.

El presidente que se va, de 83 años, estrenó mandato con una crisis que vapuleó el sistema bancario hasta el desvanecimiento, y en la renovación de sus depósitos, esquilmados la mayoría, se le fueron 8.000 millones de dólares. Carlos Raúl Hernández, en El Universal, no tiene clemencia: "Deja destruidos el Estado, el nivel de vida, la clase media y también el empresariado, casi la banca, la educación, con el aplauso de sus acólitos, que hoy se acomodan a nuevas depredaciones".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 2 de febrero de 1999

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