Una zona de coca, bosques y campesinos desplazados

San Vicente del Caguán, Mesetas, Macarena, Lauribe y Vistahermosa son los cinco municipios del despeje. El primero queda en la provincia del Caquetá; los otros, en el Meta. Están comunicados a través de una red de ríos y trochas abiertas por la colonización y mantenidas por la guerrilla. En este montón de kilómetros hay selva, montaña y llanos como los del Yarí, famosos porque en la década de los ochenta los capos de la mafia montaron allí un moderno sistema de laboratorios de cocaína y un batallón de paramilitares. Hoy siguen existiendo los laboratorios, pero la vigilancia es de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

Hay también grandes reservas naturales. El parque de la Macarena, una formación más antigua que los Andes, santuario de flora y fauna de la Amazonia y la Orinoquia, y el parque de Tinigua, unas 300.000 hectáreas de bosque que una organización campesina, sin apoyo oficial, trata de defender. En San Vicente del Caguán hay petróleo; en la Macarena, uranio.

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Corredor estratégico

Para las FARC, los cinco municipios son un lugar estratégico de enorme importancia: forman un corredor que va desde la Amazonia y llega a Bogotá, al populoso y deprimido sector de Ciudad Bolívar, donde cuentan con milicias. Es también santuario de valor sentimental. Lauribe, la Macarena y el Pato -parte alta de San Vicente- fueron los sitios de refugio para los campesinos desplazados por la violencia política de los años cincuenta. Cientos de familias campesinas, muchas de ellas liberales, atravesaron la cordillera protegidas por autodefensas armadas, en lo que se llamó "las columnas de marcha", orientadas por el partido comunista. Con los años se convertirían en las FARC.En la zona se albergan 102.000 colombianos que, por una u otra razón, han sido expulsados de todos los rincones del país. Son aventureros y andariegos que han rodado de sitio en sitio buscando dónde vivir. "Tengo 57 años", dice un campesino de San Vicente, "y nunca he conocido la paz". La mayoría de esos campesinos se dedica a faenas de ganadería; otros siembran coca. Según cifras oficiales, en todo este territorio se producen 6.768 kilos de pasta básica de coca, el 20% de la producción nacional. Los cocaleros aseguran que cambiarían su cultivo por otra actividad rentable.

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