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Japón salda arte contemporáneo

La crisis financiera obliga a bancos y empresas a sacar al mercado sus colecciones de pintura occidental

La crisis japonesa, que parece no tener fin, está afectando especialmente a los bancos y las empresas privadas, y entre éstos, a algunos que invirtieron fortunas colosales en arte mundial durante los años ochenta.Amenazadas por la caída imparable de la economía, muchas de estas empresas se están viendo obligadas a vaciar sus paredes y sus sótanos, a desprenderse casi a precio de saldo de las fabulosas colecciones que compraron en los dulces (y hoy lejanos) años del crecimiento y la euforia. Varios museos públicos japoneses están accediendo ya a muchas de esas pinturas adquiridas a precios exorbitantes por diversas empresas privadas durante los tiempos de la burbuja especulativa, pero la decisión, que puede parecer toda una ganga, tiene un grave inconveniente: el uso de los fondos públicos para liquidar las enormes deudas de los bancos está en el centro del huracán político en Japón, y la oposición exige una mayor transparencia en su utilización.

En un reportaje titulado "La recuperación de las pinturas de la burbuja", el diario Nihon Keizai ha desvelado que los museos públicos están comprando a los bancos -con dinero del Estado- muchas obras que fueron hipotecadas a empresas que entraron en barrena cuando pinchó la burbuja.

El diario dice que muchas de estas pinturas acabaron en los almacenes de los bancos casi sin que éstos lo buscaran, y que hoy, al encontrarse ellos mismos al borde de la quiebra, se desprenden de ellas al grito de ¡Sálvese quién pueda!

"Después de haber dormido largos años, estas pinturas se están despertando", añade el periódico. "Y aunque se trata muchas veces de obras de grandes maestros que merecen volver a salir a la superficie, es triste ver de nuevo cómo se organiza una operación de salvamento a costa del dinero del contribuyente".

El Nihon Keizai cita el caso del Museo d"Ehime, que se inaugurará en noviembre en Matsuyama y que acaba de adquirir por 230 millones de yenes (unos 300 millones de pesetas) la obra de Bonnard el Retrato de Andrée Bonnard, un lienzo con una historia llena de moraleja detrás: el cuadro fue comprado por Tsurumaki, uno de esos hombres de la burbuja, pequeño negociante convertido en especulador de altos vuelos que se hizo famoso por haber adquirido también, el 30 de noviembre de 1989 en París y por la friolera de 5.700 millones de pesetas, Les noces de Pierrette (La boda de Pierrette), de Picasso, cuadro éste que, de momento, no ha vuelto a salir a la luz.

La empresa de Tsurumaki, Autopolis Japan, quebró en 1992 con deudas por un valor de 90.000 milones de yenes, unos 100.000 millones de pesetas de entonces.

Otro ejemplo reciente es el del Museo de Arte Contemporáneo de la ciudad de Tokio (inaugurado en 1995), que ha comprado por un precio aún no determinado una obra contemporánea alemana, Icaro, de Anselm Kiefer, que figuraba en la colección del presidente de la banca de crédito asociativo Tokyo Kyowa Shinyo Kumiai, entidad que se encuentra en el origen del hundimiento de uno de los más importantes bancos nipones, el Long Term Credit Bank, que lo había heredado entre los activos del Tokyo Kyowa.

Pero las consecuencias del crash amarillo sobre este semiescondido y gigantesco mercado del arte no han hecho más que empezar. Se calcula que hay unas 10.000 pinturas de la burbuja financiera reposando en este momento en los almacenes de los bancos, y su valor se estima en un billón de yenes (1,1 billones de pesetas).

Todo lo cual ha llevado al crítico de arte Shinichi Segi a asegurar que "mientras no se haya comprobado todo el stock de cuadros depositados en los bancos, el mercado del arte en Japón seguirá manteniéndose en una gran confusión". Más bien en el caos y la polémica, si se tiene en cuenta que en Japón hay nada menos que 318 museos públicos, y que la progresiva salida de obras de arte de los sótanos bancarios es para muchos japoneses un nuevo ejemplo de lo que allí se denomina ya el riesgo moral de la política estatal de salvamento de bancos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 10 de octubre de 1998