NAUFRAGIO EN EL LAGO DE BANYOLES

Una burda manipulación del casco del barco y el exceso de peso causaron la tragedia de Banyoles

Una chapuza fue la causa de la tragedia del lago de Banyoles (Girona). Unas rejillas adicionales de refrigeración de los motores eléctricos, practicadas en la popa del casco del catamarán turístico, cerca de la línea de flotación -que no figuran en el diseño original de la nave- combinadas con el exceso de pasaje, provocaron la catástrofe que se saldó con 20 muertos. El exceso de carga hizo que subiera la línea de flotación y que el agua entrara a borbotones en el interior del casco por dichas rejillas. Una vez evacuada el agua de su interior, la nave mostró de nuevo su flotabilidad.

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El alcalde de Banyoles, Joan Solana, que ya había adelantado la hipótesis de que se pudiera haber efectuado una modificación incontrolada en la nave después de salir de los astilleros, confirmó ayer que los técnicos de la Marina Mercante habían encontrado "modificaciones gravísimas" en el barco; no sólo las citadas rejillas, sino también en el motor y las baterías, que pesaban cuatro toneladas más que las originales.Solana definió las rejillas como "agujeros de inundación" y apuntó que las modificaciones se hicieron para aumentar la velocidad y evitar el calentamiento del sistema eléctrico. Peritos policiales comprobaron ayer, después de reflotar la nave siniestrada, que no había daños en el casco que permitieran mantener la hipótesis de una vía de agua y que las baterías que la impulsan, de ocho toneladas, no habían sufrido desplazamiento alguno.

Una vez completada la compleja operación de reflotamiento, efectuada con globos neumáticos y dos grúas, sólo el amontonamiento de los asientos en la popa de los dos pisos de la nave y la rotura de uno de los cristales permitían imaginar las escenas de pánico que horas antes habían tenido lugar en el interior del catamarán turístico. Algunos pasajeros quedaron atrapados entre el amasijo de asientos, dispuestos en filas de hasta cinco. Dos de las ventanas correderas del costado izquierdo habían sido abiertas, lo que hace pensar en una posible salida de emergencia. La presencia de cinco flotadores colgados todavía de las barandillas confirman la rapidez del hundimiento, que sorprendió a los pasajeros. El catamarán, que costó más de 20 millones de pesetas, fue construido en poliéster en los astilleros Visorama de Vila-sacra (Girona), recientemente destruidos por un incendio.

Suspensión de licencias

El alcalde de Banyoles firmó ayer por la tarde un decreto por el que se abre un expediente contra La Carpa de l"Estany S.A., propietaria del catamarán, y suspendió las dos licencias que tiene esta empresa para operar en el lago. Solana aseguró que resulta evidente que, de la información recopilada hasta ahora, se constatan vulneraciones gravísimas de la normativa municipal: entre otras la sobrecarga de la nave, que disponía de autorización municipal para transportar 80 pasajeros y cargó 141, o la falta de sujeción de las sillas.El alcalde afirmó que, en caso de que las víctimas acusen al ayuntamiento como responsable civil subsidiario de la tragedia, este debería resultar absuelto. Según dijo Solana, los servicios jurídicos municipales mantienen que todos los trámites administrativos han sido impecables. Por otra parte, el edil explicó que hasta el momento el consistorio no ha recibido más que muestras de gratitud y solidaridad por parte del Gobierno, el consulado y la embajada franceses. El Ayuntamiento de Banyoles decidirá la semana próxima si se presenta como acusación particular contra la empresa de cruceros turísticos. El alcalde aseguró que la tragedia ha generado tanta repulsa y estupor por el hecho de ser evitable. Aseguró que se revisará la estructura de control de las actividades que se llevan a cabo en el lago. Solana ha repasado los partes de incidencias redactados por los vigilantes veraniegos durante los últimos tres meses. En ninguno de ellos, que centran sus inspecciones en aspectos más relacionados con el cuidado del medio ambiente, aparecen denuncias por sobrecarga en los cruceros turísticos.

El jefe de bomberos de Girona explicó que el amarre del barco por los bomberos, en los primeros instantes del naufragio, evitó que cayera por una falla de unos 38 metros de profundidad. Los cruceros turísticos del lago de Banyoles reciben cada año 90.000 viajeros. La otra empresa que opera en el lago ha interrumpido su servicio, pero ayer ya recibió llamadas para cancelar viajes ya contratados. La ciudad de Banyoles amaneció con senyeras con crespón negro colgadas en comercios y viviendas. Entre los numerosos representantes institucionales que visitaron el lago destaca la secretaria de Estado de Comercio y Turismo, Elena Pisonero, que declaró con rotundidad: "Si queremos ser un país serio y eficaz se deben cumplir las normas".

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 09 de octubre de 1998.

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