Una discreta salida de la secretaría general

Poco habló ayer Julio Anguita de su salida de la secretaría general: casi sólo deseó que llegue el mejor sucesor. Prefirió, tal vez, dejar a sus fieles ese análisis histórico-didáctico en el que dibujó nítidamente el papel de la izquierda en la lucha obrera y su capacidad de superación.Quienes esperaban un discurso clásico de despedida, con su punto de emotividad o, al menos, con alguna referencia a su gestión, esperaron en vano. El secretario general del PCE optó por no personalizar el acto y quiso que su último discurso en la fiesta del PCE fuera un discurso más. Todo un detalle. El "decíamos ayer" sólo lo utilizó para recordar cómo en discursos anteriores las reflexiones sobre los comunistas han estado guiadas por la coherencia.

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Habló mucho de los comunistas e hizo su ajuste histórico con el comunismo internacional. También habló largo y tendido de Rusia. Fue una parte muy importante de su discurso. Anguita partió de la situación de la antigua Unión Soviética para demostrar que de todo puede sacarse enseñanza y provecho.

Ni los comunistas fueron tan malos ni su gestión tan pésima como ahora es la situación. A cada uno, vino a decir Anguita, hay que reconocerle lo suyo. Y lo suyo les dio al Banco Mundial y al Fondo Monetario Internacional por su papel en la crisis rusa. De manera muy especial, criticó la política exterior de Estados Unido y la mansedumbre que hacia ella mantiene el Gobierno de José María Aznar.

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 19 de septiembre de 1998.

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