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TRIBUNA

Monedas sin gobierno

El futuro económico de Rusia y el desenlace de su actual crisis financiera depende en gran medida de factores políticos internos, ajenos a la influencia del Fondo Monetario Internacional y de los países industriales. Sin ellos cualquier ayuda externa será baldía.Tengamos presente que una genuina economía de mercado exige unos poderes públicos fuertes, inmunes a la influencia de los grandes grupos económicos, y dotado de instituciones eficaces -Banco Central, autoridades de defensa de la competencia, Administración Tributaria...- de las que Rusia carece. No es casual que Estados Unidos, la economía de mercado por excelencia, tenga unas instituciones públicas (Reserva Federal, Internal Revenue Service, Securities and Echange Comission, Ministerio de Justicia...) que, responsables ante el poder político, gozan de una autoridad económica reconocida. Si en las postrimerías del franquismo el "escándalo Sofico" ilustró los riesgos del maridaje entre intereses económicos y poder político, la RUMASA de Ruiz-Mateos y el Banesto de Mario Conde mostraron cómo tampoco la joven democracia española fue inmune a episodios (aislados) de "cleptocracia" económica como los que, mucho más enraizados y generales, han venido frustrando las reformas económicas en Rusia.

Pero el buen funcionamiento de una economía de mercado, que se basa en las señales económicas que transmiten los precios, exige además que la moneda local sea estable, lo que casa mal con un déficit presupuestario grave y prolongado como el que arrastra Rusia. Pues cuando los prestamistas del Estado empiezan a desconfiar de la moneda y de su tipo de cambio, prestarán tan sólo a unos plazos tan cortos y tipos tan altos que agravarán los apuros financieros del Estado. Entrarán entonces en liza los especuladores puros, ávidos por tomar a préstamo primero y transformar en dólares después una moneda cuya devaluación ven inminente. Si el Banco Central intenta frenar esa especulación encareciendo los préstamos en rublos, le será muy difícil evitar que el castigo termine cayendo tanto sobre los justos como sobre los pecadores. La defensa de la moneda ahondará el desequilibrio presupuestario, agravará la crisis financiera y será tildada de "sado-monetarismo".

De esa perversa interacción entre las apremiantes necesidades de la Hacienda pública y la debilidad del tipo de cambio cayó víctima en agosto el rublo, después de que el Parlamento rehusara las medidas tributarias precisas para elevar la recaudación y hacer viable una moneda estable. Como el lunes afirmaba en este diario el ex ministro argentino Domingo Cavallo, sin un aumento de los ingresos públicos el Estado ruso, carente de crédito internacional, incapaz de recortar más el (exiguo) gasto público, se verá abocado a financiarse en el Banco Central y engrosará la larga lista de países (entre ellos Alemania dos veces en este siglo) a los que la financiación monetaria del déficit condujo a la hiperinflación. A juicio de Cavallo, optimista, el establecimiento en Rusia de un Currency Board similar al que Argentina adoptó en 1991 haría inevitable la reforma tributaria. La caída a plomo de la cotización del rublo y la dimisión del gobernador del Banco Central, Serguéi Dubinin, son un ténebre indicio del futuro inmediato de la economía rusa.

En el prefacio de El informe de Brodie, José Luis Borges, fiel a su frívolo anarquismo, anticipando acaso sin saberlo la esencia de un Currency Board como el que Cavallo implantó años después, escribió que "algún día mereceremos no tener Gobiernos". Pero para los rusos ese utópico día está lejano: lo que precisan con urgencia es un poder político eficaz y democrático que sanee las finanzas públicas y promueva una genuina economía de mercado. Los rusos se lo merecen. Y sólo ellos podrán conseguirlo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 9 de septiembre de 1998