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Campo Real

Tengo un amigo que está seriamente preocupado con los proyectos de Gallardón en Campo Real. El Gobierno regional ha previsto la construcción allí del segundo aeropuerto de Madrid y a este personaje no le hace ninguna gracia.Lo curioso de su rechazo es que no está fundamentado en argumento técnico, o de carácter urbanístico o medioambiental, sino en el convencimiento de que la construcción de un aeródromo en aquel término municipal acabaría con las aceitunas que llevan su denominación de origen.

Mi amigo piensa que no existe en todo el mundo una aceituna de mesa mejor que la que se cosecha en Campo Real y que los proyectos del Gobierno autonómico la ponen en peligro. Yo le expliqué que la reserva de terrenos para el aeropuerto no afecta, ni mucho menos, a todos los olivares del municipio, pero él, en su pasión aceitunera, arguye que el exceso de ruido y la contaminación que generan los aviones terminará afectando a la calidad de ese producto de la tierra que califica de prodigioso.

Mucho me temo que esos argumentos culinarios que este entrañable hedonista esgrime con tanta soltura no pesarán en lo más mínimo a la hora de tomar una determinación sobre la política aeroportuaria en Madrid.

Habrán de contar, en cambio, con otros factores de carácter técnico y estratégico de enorme complejidad, que requieren estudios y proyecciones muy concienzudos y detallados para no cometer errores que en estas magnitudes pudieran tener consecuencias descomunales.

El primer factor a considerar es el tiempo.

Barajas tiene en marcha la construcción de su tercera pista, el Ministerio de Fomento proyecta cambiar la configuración de las pistas en aspa en las que opera actualmente para sacarles mayor rendimiento, y hay quien considera posible y medioambientalmente aceptable la construcción de una cuarta y hasta una quinta pista en ese aeropuerto. Hay que establecer cuanto antes el límite de capacidad de Barajas y calcular cuándo será necesario el segundo aeropuerto. En esto del calendario no coinciden el Ministerio de Fomento y la Comunidad de Madrid. Mientras Gallardón entiende que ese límite de capacidad operativa se situaría en torno al año 2010, Arias-Salgado considera que, con las modificaciones ya previstas, el aeropuerto madrileño podría dar juego casi hasta el año 2030. La diferencia es más que notable. Un aeropuerto se tarda tiempo en programar y construir, y, de prosperar la tesis de Gallardón, en tres o cuatro años habría que ponerse a trabajar. En cambio, si la proyección del ministro es la que prospera, hablamos de un plan a 30 años, plazo de tiempo lo suficientemente prolongado para que la tecnología haya revolucionado la aviación y que existan para entonces aparatos que despeguen y aterricen en pocos metros o que apenas planteen inconvenientes medioambientales.

Un segundo aspecto a tener en cuenta es el lugar elegido para la hipotética construcción, si ha de acometerse, del nuevo aeropuerto.

El municipio de Campo Real es, para el Gobierno regional, una buena opción porque está a una distancia razonable de la capital, la conformación del terreno es óptima y hay espacio disponible (lo que no es fácil a menos de 30 kilómetros del centro de Madrid). Campo Real es un lugar idóneo para edificar un único gran aeropuerto.

El espacio aéreo de ese término municipal es precisamente el que utilizan actualmente los aviones que aterrizan en Barajas para realizar sus maniobras de aproximación.

Allí se encuentra situado el VOR, o radiofaro, en el que, por la configuración de las pistas del aeropuerto, ha de hacerse la aproximación instrumental antes de iniciar la toma de tierra.

Los controladores aéreos ven muchas complicaciones en la utilización simultánea de ambos aeropuertos siquiera temporalmente.

Son factores que han de ser muy estudiados para tomar una decisión de esta trascendencia y envergadura, en la que no han de primar los protagonismos ni la demagogia política.

Lo sensato es constituir en el menor plazo posible una comisión de expertos y mandatarios de las tres administraciones, que contemple todas las posibilidades y determine la estrategia a seguir. Todo con la cabeza bien fría y el permiso de las aceitunas de Campo Real.

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 07 de agosto de 1998.

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