Presión a la baja sobre el precio de la madera

VIENE DE LA PÁGINA 1 El precio del bosque se ha devaluado por el simple hecho de haberse quemado y el propietario ha perdido la posibilidad de hacer una tala selectiva esperando que cada pino llegue a tener su máximo grosor o, lo que es lo mismo, su máximo precio. Ahora se debe cortar absolutamente todo. Además, los propietarios también han perdido la posibilidad de vender pinos destinados a hacer palos (que son los más bien pagados) porque éstos, una vez cortados, deben recibir un tratamiento de impregnación que no se puede aplicar a las maderas sometidas a las altas temperaturas de un incendio. Entre el sector de los pinos más pequeños había algunos que podían destinarse a las papeleras y que también tenían un precio algo superior a los que se destinaban a trituración, pero el árbol quemado no sirve para hacer papel. Algunos propietarios temen que a esta doble devaluación se añada una caída del precio del mercado y la especulación con el precio de compra, circunstancia que ha denunciado especialmente el sindicato Unió de Pagesos y que choca con las manifestaciones del Consorcio Forestal de Cataluña y de los aserradores. Los aserradores mantienen que el precio de compra de los pinos es prácticamente el mismo ahora que a principios del mes de julio y que si ha habido algún movimiento no se ha debido a los incendios, según explica Joan Boix, propietario de una serrería en Puig-reig (Berguedà) y presidente del gremio de Aserradores y Propietarios de Barcelona. En cambio, Unió de Pagesos considera que la devaluación por tonelada de madera puede rondar las 500 pesetas, lo que supondría entre un 10% y 20%. El mismo Boix reconoce que, a diferencia de lo que pasó tras el incendio de 1994, ahora no es un momento bueno para vender madera porque la mayoría de las empresas del sector tienen grandes acopios de materia prima. Y uno de los dirigentes del mismo sindicato, Josep Puigpelat, advierte que en algunos casos el negocio puede acabar siendo ruinoso. La madera que está en los bosques se puede pagar a entre 4.000 y las 9.000 pesetas por tonelada, aunque difícilmente se llegará a las cotas más altas porque se trata de árboles quemados. Sobre este precio, el propietario debe soportar los costes de extracción y los de transporte. Según Puigpelat, la extracción puede oscilar entre 2.000 y 3.000 pesetas por tonelada, y el transporte está en unas 1.000 pesetas por tonelada. En el caso de la madera de peor calidad, la de trituración, que es la que más abunda, el negocio es mínimo. El control de las existencias La última diferencia importante entre los afectados y los compradores está en quién ejerce el control sobre las existencias de madera. La propuesta del Gobierno de CiU, que satisface a los aserradores, al Consorcio Forestal de Cataluña y a las agrupaciones sindicales más próximas al Gobierno, como la patronal Instituto Agrícola Catalán de San Isidro (IACSI) y Joves Agricultors y Ramaders de Catalunya (JARC), un pequeño sindicato afín a Convergència, supone repetir el modelo que se aplicó en 1994: las serrerías asumen la compra de la madera a un precio mínimo que debe ser similar al precio actual del mercado y, a cambio, reciben una ayuda del 100% del interés del crédito que soliciten para poder comprar la madera, subvención que asumen a partes iguales el Ministerio de Agricultura y la Generalitat. El control de las existencias deja el riesgo y las posibilidades de negocio en manos de los industriales, que deben tener el compromiso de los propietarios afectados de venderles la madera para poder acceder a las ayudas. Unió de Pagesos pretendía que se pudiese constituir una asociación de propietarios afectados que recibiesen la ayuda de los gobiernos directamente y que fuesen ellos los que retuviesen y pusiesen en el mercado la madera quemada, con lo que pretendían poder vender en el mejor momento y conseguir que el beneficio de la explotación repercutiese en ellos directamente.

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* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 07 de agosto de 1998.

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