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China aleja el fantasma de una crisis mundial con la promesa de que no devaluará su moneda

ENVIADO ESPECIALChina se comprometió ayer en público a mantener la paridad de su moneda, el yuan. Con ello, ahuyentó el fantasma de un agravamiento de la crisis asiática, que provocaría un brutal choque en toda la economía mundial. La promesa de no devaluar, formulada solemnemente y por tres veces en el Foro Económico de Davos por el vice-primer ministro chino, Li-Lanqing, fue recibida con un estruendoso aplauso por el millar de grandes empresarios asistentes. Li-Lanqing anunció también más apertura económica.

A cambio de todo ello, el viceprimer ministro chino pidió que se acelere el ingreso de su país en la Organización Mundial del Comercio (OMC).Ya se sabe que los Gobiernos están obligados a mentir a veces sobre la paridad de sus monedas. Pero los empresarios reunidos en esta estación invernal suiza no creen en cuentos de hadas. Lo que les convenció de la triple promesa no fue el anuncio, sino la solidez de la argumentación.

"La devaluación del yuan conduciría inevitablemente a que nuestros vecinos se vieran obligados a realizar una nueva ronda de devaluaciones", analizó Li-Lanqing, "y eso podría conllevar un efecto bola de nieve [también sobre el yuan] de carácter catastrófico, pues pondría en tela de juicio el crecimiento de China y de toda Asia [ ... ] China no debe echar aceite al fuego; somos firmes en nuestra voluntad de no devaluar", concluyó.

La gran noticia

La única duda que mantenían algunos expertos es si un eventual éxito de la presión especulativa contra el dólar de Hong Kong -al que el yuan está muy vinculado- obligaría a Pekín a modificar sus propósitos. Pero, de momento, los hombres de negocios respiraron hondo. Saben que nuevas devaluaciones asiáticas se trasladarían dramáticamente a la economía mundial, multiplicarían las exportacionesa precios de derribo desde esos países o provocarían el colapso de algunos. O ambas cosas a la vez. "Mantener la paridad es una contribución extraordinaria de China a la estabilidad, que evitará el drama en Asia", resumió Paolo Fresco, vicepresidente y consejero-delegado de General Electric que acaba de aceptar la presidencia de la Fiat.Pero, además, los empresarios recibieron el compromiso como la gran noticia del foro, porque China sigue siendo para muchos El Dorado del siglo XXI. En los últimos años ha acogido a 300.000 empresas de otros países y recibido inversiones extranjeras directas por valor de 220.000 millones de dólares (34 billones de pesetas), 45.000 de los cuales sólo en el año pasado, lo que le convierte "en el segundo destinatario" de este flujo, "sólo por detrás de EE UU", subrayó Li-Lanqing. Y su comercio exterior alcanzó 325.000 millones de dólares, (50 billones de pesetas) en 1997, situándose como décima potencia comercial del mundo.

El viceprimer ministro chino apostó por la recuperación de los países surasiáticos. Y extrajo "lecciones" de sus turbulencias a principal es que China no va reducir "Ia reforma y reestrucración de nuestra economía; la aceleraremos", dijo. Consecuentemente, "seremos más positivos en la estrategia de integramos en economía mundial", en primer lugar en la OMC. Enumeró los esfuerzos ya realizados -cinco reducciones arancelarias, "20 ofertas" de liberalización de servicios- y se quejó de que "aunque nosotros amamos a la OMC, ésta no nos corresponde" y sigue negando el ingreso.

Aunque calificando de "alentadora" su intervención, le replicó con cierto rigor el vicepresidente segundo de la Comisión Europea, sir Leon Brittan. Manifestó que la Unión Europea (UE) espera ofertas concretas de Pekín sobre múltiples asuntos (picos arancelarios, otras barreras, servicios, agricultura y licencias de construcción).

Y le pidió a Pekín la urgente reforma del sistema financiero, hoy completamente cerrado. Y, sobre todo, le recordó que la OMC no es "un club de amigos" sino que sus socios deben cumplir ciertas reglas. Las enumeró, porque sus interlocutores chinos tienden a ignorarlas y exhiben sólo argumentos políticos en las negociaciones: cláusula de trato de nación más favorecida, no discriminación entre socios, transparencia y proporcionalidad.

Brittan, abanderado de la pasión prochina en la UE, precisó que los principales socios del mundo, EE UU y la UE, "no tienen interés en que China permanezca fuera de la OMC un minuto más del que las negociaciones hagan necesario", pero para ello "deben existir ofertas reales de apertura de mercado". Considera, pues, que todavía no están sobre la mesa.

Los políticos estadounidenses presentes en el Congreso avalaron esta estrategia occidental. China "es un gran poder internacional que debemos respetar, pero que a su vez debe respetar las normas de la comunidad internacional", insistió el subsecretario del Tesoro, Larry Summers.

"La mejor manera de tratar a este país es buscando comprometerlo y no aislarlo", asintió Bill Richardson, embajador de EE UU ante las Naciones Unidas, para quien China "es ya un poder y será una superpotencia" en el siglo XXI. "Es una sociedad que trata de abrirse y de integrarse en el circuito económico mundial", piropeó el presidente del Congreso, el republicano Newt Gingrich.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 2 de febrero de 1998

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