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FESTIVAL EN CÓRDOBA

Alegre reparto de orejas

A las siete reses se las llevaron desorejadas, y una hasta dejó el rabo. Cabría pensar que fue la corrida del siglo si no se tuviese en cuenta un dato fundamental, y es se trataba de un festival beneficio de la viuda del maestro de toriles de la plaza cordobesa, Antonio de la Rosa, recientemente fallecido. Y el público que acude a una función de este tipo no sólo es generoso en la taquilla sino que premia alegremente a los diestros.Muchas orejas, mucha alegría, y sólo dos faenas que merezcan, la pena: las de Jesulín y Finito. Jesulín dominó la distancia que requería el toro, se colocó en el sitio justo para ligarle los pases y, aunque no dio a su faena profundidad, la estructuró con armonía.

Núñez / Seis espadas y dos rejoneadores

Seis toros y un novillo de Joaquín Núñez, sin fuerza; 3º, encastado; 6º, vuelta al ruedo. Ortega Cano: oreja. Emilio Muñoz: dos orejas. Rafael Camino: oreja. Jesulín de Ubrique: oreja. Finito de Córdoba: dos orejas y rabo. Alejandro Castro: oreja. Los rejoneadores Luis y Antonio Domecq: oreja.Festival a beneficio de la viuda del torilero De la Rosa. Plaza de los Califas,1 de febrero.Media entrada.

Finito, organizador del festival, comprobó que el público de Córdoba le sigue considerando su torero. No había vuelto al coso cordobés desde que en la pasada feria de mayo fuese despedido con almohadillas. Cortó dos orejas y rabo (véase el cariño) tras una faena vibrante con ambas manos. Demostró más ilusión, ganas y torería que la temporada pasada y mató como nunca.

Ortega Cano comenzó su faena con un toro ya sin resuello. Se tiró de rodillas y el animal le imitó el gesto. Cuando salió de esta tanda el toro se echó al suelo, y ahí acabó todo.

Emilio Muñoz tuvo detalles toreros con el toro más encastado del festival. Destacaron dos naturales tirando de la res, que defendía su sitio en la plaza. Le concedieron dos orejas después de un horrible bajonazo. Rafael Camino, acelerado y sin ligar los pases, se limitó a dar salida al toro. El novillero Alejandro Castro se empeñó en lidiar en el platillo un animal que se rajaba y se fueron sin torear el toro y el torero. Los hermanos Domecq galoparon por los adentros para provocar la embestida del toro mansurrón.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 2 de febrero de 1998