Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Sevilla insiste en la carrera olímpica para el 2008, pero Madrid pierde gas

La elección de la sede olímpica del 2004 dejó de tener interés para España con la eliminación de Sevilla en el corte del pasado mes de marzo. Sin embargo, la carrera del futuro está abierta nuevamente y seguirá teniendo algún color español. La incógnita es si sólo andaluz, el único que ha anunciado ya oficialmente que quiere seguir luciéndolo, o también madrileño. Sevilla sigue, pero Madrid, hasta hoy, no sabe, no contesta. El triunfo de una candidatura europea parece que desaconseja en principio aparecer en una próxima carrera que previsiblemente no terminaría otra vez en el Viejo Continente. Pero hay algunos datos más a tener en cuenta. Alguno, incluso decisivo. Si una candidatura es fuerte, puede salvar la rotación de continentes. Y España sólo tendrá el paraguas de Juan Antonio Samaranch en esta última oportunidad. Justamente en el 2001 con el término de su mandato, se elegirá la sede del 2008. Después sólo se le podrá echar de menos.Por eso, independientemente de quién haya ganado, la apuesta sevillana de continuidad es perfectamente razonable. Lo importante en una lucha cada vez más dura por conseguir la joya de ser sede también se basa en la permanencia. Aparecer de repente en escena y querer arrasar no parece de recibo. Si Madrid decide presentar su candidatura nadie duda que tendrá la fuerza. evidente de la capital, pero si entra tarde y con unas pretensiones excesivas es evidente que puede pagarlo muy caro. Y si no está Samaranch, el asunto puede ser peor. Se perderá el último tren. La situación ya es, a estas alturas, muy complicada. En la primera instancia de elegirse una candidatura española, Madrid no podrá pasar por encima de una Sevilla con derechos adquirido sin que el escándalo sea res petable. Ha dejado correr demasiado tiempo sin mover una sola pieza y la partida lleva ya bastan tes movimientos sin que Madrid se haya acercado al tablero. El alcalde, José María Alvarez del Manzano, admitió que Sevilla le había tomado la delantera y que para el actual intento no se movería. Pero ya no es gentileza, sino duda lo que deja traslucir la capital, pues Sevilla no estaba ya en la carrera. Se había caído en la semifinal de marzo y una simple asistencia madrileña ahora en Lausana habría creado alguna expectativa. Ni siquiera de la vi sita anterior que hicieron el al calde y el presidente de la Comunidad, Alberto Ruiz Gallardón, a Samaranch, se notó una idea clara.La prueba de esta diferencia de actitud se pudo observar este fin de semana en Lausana, con motivo de la elección de la sede del 2004. Mientras Madrid no envió siquiera un observador, la candidatura sevillana volvió a hacer acto de presencia con la alcaldesa, Soledad Becerril, que tenía un puesto de invitada como todas las ciudades eliminadas hace seis meses, pero también con José Moreno de la Cova y Alejandro Rojas Marcos, los primeros lanzadores de la idea olímpica para la capital andaluza. Su entusiasmo no ha decrecido.

Sevilla puede plantearse esta estrategia como una rentable operación publicitaria. Conviene recordar que Sevilla acaba de tener los Europeos de natación y seguirá con los Mundiales de atletismo, pero también con los de gimnasia rítmica, remo y hasta de pesca. No para de moverse. Sevilla parece haber entendido bien los beneficios publicitarios de atraer ciertos acontecimientos deportivos.

Rojas Marcos, el primer teniente de alcalde, llegó a Lausana con otro plan bajo el brazo, que puede poner a Sevilla muy por delante de Madrid en una hipótética contienda olímpica, decisión que recaería sobre el Comité Olímpico Español en primera instancia. Rojas Marcos, como representante de la Fundación Olímpica sevillana, intenta conseguir la organización de la próxima reunión de la Asociación de Comités Olímpicos Nacionales (ACNO). Sería en la primavera. La iniciativa tuvo ayer su refrendo con la entrevista entre el presidente de la Junta de Andalucía, Manuel Chaves, y el presidente de la Asamblea del ACNO, el mexicano Mario Vázquez Raña.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 9 de septiembre de 1997