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TRIBUNA

Más de lo mismo

Nada, he terminado tarde. Entre el masajista y el médico ya pillo a todos cenando. No es que me pase nada. Simplemente, me duelen las piernas, como todos los días, aunque menos. Estoy bien, cada día me duelen menos.Qué calor hace. Qué gusto. Hay que aprovecharlo, que cuando subamos al norte y a la montaña ya nos tocará pasar frío. Ando mejor con calor, pero tampoco me sienta mal el cambio brusco de temperatura.

Ya me han contado que en la radio han dado la matraca con que ya había firmado yo con el nuevo equipo de Mínguez. No es verdad, así que aprovecho esta columna para desmentirlo: tengo oferta pero no tengo nada apalabrado ni firmado. Y aparte de la de Mínguez tengo otras ofertas. Estoy dejando pasar los días y luego después de la Vuelta decidiré. Las razones que me hagan firmar con uno o con otro no serán sólo económicas. Por ejemplo, no sé aún el equipo que tiene Mínguez, con qué gente contará para el año que viene. Hablo con algún corredor y me dice que ya tiene firmados a 20 o 21. Al día siguiente otro me dice que 18. Así que no sé. Tendré que sentarme con él y tenerlo todo claro.

A lo que vamos, no voy a estar la Vuelta pendiente de eso. Cuando termine hablaremos. La etapa, como la del día anterior: nervios, viento y cambios de dirección, aunque parecía que iba a soplar más fuerte y se ha quedado en poca cosa. En la salida íbamos todos con las orejas tiesas porque todas las palmeras se estaban moviendo, pero nada. No ha habido problemas. Los líderes teóricos, en su sitio, delante.

En el primer paso por el repecho se ha estirado la cosa, pero yo he estado bien colocado, cerquita, cerquita de Abraham. Luego, el pelotón se enfiló, pero el sprint esraba cantado. El repecho era duro pero también muy corto.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 9 de septiembre de 1997