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TRIBUNA

Tanto por tan poco

Cuánta generosidad. A buen seguro que el Barcelona no en contrará tantas facilidades juntas para ganar -un partido en toda la temporada como las que le proporcionó el Valencia. El descomunal fallo de Javi Navarro, apenas iniciado el encuentro, enfrió repentinamente los ánimos del campo del Mestalla al ponerle el balón en bandeja al brasileño Anderson. En la siguiente aproximación, un aburrido Zubizarreta calculó mal la salida ante Luis Enrique e hizo penalti. En un alarde de generosidad, el italiano Carbo ni demasiado incisivo, dejó a su equipo con 10. Tanto por tan poco.Por falta de rematadores. Privado de delanteros, el entrenador del Valencia, Jorge Valdano, confeccionó un equipo con más centrocampistas de lo que en él es habitual. Con ello consiguió superioridad en el centro del campo, lo que facilitaba la recuperación del balón. Dicha su perioridad permitió también que fueran más los jugadores que se alternaran en la incorporación al ataque desde zonas in termedias. Las ocasiones llega ron con lanzamientos desde lejos por falta de rematadores es pecíficos.

Poco claro. El técnico holandés del Barcelona, Van Gaal, realizó unas ligeras correcciones en el descanso del partido. Ordenó la posición de Iván de la Peña que estuvo perdido per siguiendo a Saib fuera de su zona y esto le dio un poco más de orden, pero no liberó al por tugués Figo del marcaje a Carboni, que le acompañó en las subidas por la banda a pesar de tener cuatro defensas atrás y haber jugado hace dos días con su país.

Vulgar. Triste espectáculo ofreció el Barcelona que práctícamente no existió ni cuando estuvo con superioridad. El desorden fue absoluto. Desesperante la lentitud en sus acciones. Desbordado por un desafortunado Valencia fue un equipo vulgar. Volvió a demostrar una gran endeblez defensiva. El mejor su portero. No sirve de referencia ni el resultado ni la última fase del partido con un Valencia volcado en busca del gol que apretase el marcador. Más que ofrecer síntomas de mejoría parece que hay un empeoramiento en la salud de su juego.

Mejor juego. A pesar de jugar durante todo el segundo tiempo con un hombre menos, el Valencia -aunque con cierto y posiblemente lógico desorden por las prisas- a base de garra, y estimulado por acciones esporádicas de calidad, mantuvo un buen nivel de juego hasta que el enorme esfuerzo realizado les pasó factura, y, además, bastante cara. Al Valencia le queda el consuelo de haber jugado mejor que el Barcelona. Con el brasileño Romario en el campo, el resultado podría haber sido otro.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 9 de septiembre de 1997