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FINAL DE LA NBA

Chicago apabulla a los Jazz

Los Bulls de Chicago son como esos depredadores que al olor de la sangre enloquecen y no paran hasta- acabar con sus presas. La herida provocada por la derrota de Utah en el primer partido y, sobre todo, la forma en que se produjo, ha agudizado ese instinto y en el segundo acto no dieron respiro. Fue un traba o perfecto hasta el punto de llevar a la inoperancia total a un equipo tan sólido como los Jazz. La defensa a la que le sometieron resultó implacable, asfixiante por momentos. Y claro, cuando a un jugador estratosférico como Jordan se le rodea de una plantilla capaz de anular uno de los ataques más productivos de la NBA, el resultado no puede ser más desalentador para todos aquellos que aspiran a terminar con el reinado de los Bulls. O lo que es lo mismo, el de Jordan.Michael Jordan representa mejor que nadie este espíritu despiadado, esta mentalidad ganadora. Sus facultades físicas no son las de hace ocho años, pero no ha perdido en su rutilante camino ni un ápice de ambición. Es más, su mirada gana en fiereza cada temporada. Nos encontramos con un jugador único, irrepetible, que aúna potencia, técnica, inteligencia y un deseo irrefrenable de irse cada noche al vestuario con una victoria bajo el brazo. A ello se aplica sin descanso. Si a este objetivo habitual le añades una recompensa histórica (su quinto anillo, los mismos que Magic Johnson), un reto individual (se enfrenta a Malone, elegido el mejor de la temporada) y una lucha en las oficinas (defiende a capa y espada a su entrenador y a Pippen frente al dueño del club), el resultado es el Jordan que hemos visto en los dos partidos de la serie. Un Jordan al que cualquier adjetivo le viene ya pequeño.

Pronto se pudo apreciar que los tres días de descanso no habían apagado los efectos del choque inaugural. La puesta en escena de los Jazz fue reveladora, sobre todo en lo que se refiere a su gran estrella. Las seis primeras acciones de Karl Malone se saldaron con seis errores (tres tiros de campo, dos tiros libres y unos pasos). Jordan, quién si no, fue el primero en percatarse y dio el primer aviso. Once puntos de los suyos y dos triples consecutivos de Kerr colocaron a Utah en alerta roja (25-15, minuto 11). Sus habituales comunicaciones entre el triángulo Stockton-Hornachek-Malone estaban rotas, la peor noticia que se puede dar en este equipo. Utah aguantó como pudo el primer envite e incluso a mediados del segundo cuarto pareció dispuesto a entrar en debate (31-27). Fue un espejismo. El partido se rompió a partir de ahí. Más que romperse, saltó en pedazos. Hasta el final del tercer cuarto, la exhibición de los Bulls fue total. Y esto es impensable sin un gran Jordan, al que esta vez no acompañó en exceso Pippen, pero sí Harper, un enorme jugador.

El partido estaba resuelto al principio del cuarto cuarto (78-59), pero Jordan sacó una nueva emoción de su chistera. Sus números eran apabullantes (30 puntos, 13 rebotes), pero le faltaban tres asistencias para completar un triple doble. O alguien se lo dijo, o en su cabeza lleva registradas todas sus acciones. El caso es que se vio claramente que Jordan quería lograrlo cuando en vez de lanzar se la dio a un jugador como Buchler. Todo su equipo lo comprendió y se olvidaron un poco del partido para centrarse en dar una alegría a su jefe. Perdieron tensión y Utah, lo aprovechó para maquillar su segunda derrota. La final viaja ahora a Salt Lake City tocada del ala. No ya por el resultado, sino por lo visto hasta ahora. Tenemos a Jordan incomensurable, Malone bajo mínimos, los Bulls insaciables y los Jazz perdidos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 6 de junio de 1997