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Crítica:CINE

Y la enésima elementalidad

El último y resonante festival de Cannes abrió hace unas semanas -así se desmarcan algunos productores de Francia de la losa californiana que dicen combatir: imitándola a la baja- los festejos de su medio siglo de existencia con esta aparatosa y sosa elementalidad Informático-futurista, rodada (sin soltura) a lo Hollywood, con mucho dinero californiano detrás de sus efectos falleros y con un deficiente actor (Willis) en funciones de reclamo de glamour y dos refinados intérpretes británicos (Oldman y Holm) como coartada (insuficiente) para la tosquedad de los guionistas y el director.Ahora mismo esta estupendamente vendida mercancía averiada (tan igual a las precedentes naderías, aventuras con deje cursilón, del productivo e irrelevante Luc Besson) invade casi 40 pantallas tan sólo en el área urbana de Madrid. Y no vale la pena molestarse en averiguar cuántas más en el resto de la suculenta, colonia cinematográfica española -nada menos que el quinto mercado consumidor del seudocine hecho por estos y otros elementos- para no dar más letra a las toneladas de tinta que gasta en publicidad este celuloide de gran presupuesto y de pequeñísima relevancia.

El quinto elemento

Dirección y guión: Luc Besson. Intérpretres. Bruce Willis, Gary Oldman, lam Holm. Francia-EE UU, 1997. Estreno en Madrid: cines Capitol, Proyecciones, Canciller, Lido, Albufera, Odeón, Plaza Aluche, Vaguada, Palafox, Cristal, Cid Campeador, Acteón, Juan de Austria, Novedades, Ciudad Lineal, Liceo, Ideal, Zafiro.

La película es prescindible, toda ella. No hay una sola toma precisa y viva en este cadáver cinematográfico de lujo. Y si el resultón Besson sigue sin atinar, Willis se limita (ese es su cometido) a estar y las presencias de lam Holm y Gary Oldman a aportar su probada solvencia para atenuar insolvencias ajenas. De ahí que el cero casi absoluto con que fue puntuado en los paneles críticos de Cannes este productivo gazpacho, hecho de quietudes de tebeo y de caricaturas de obras tan competentes como Blade Runner, Alien y Star Trek, recompuestas sin gracia ni olfato rítmico. Hará esta seudopelícula (por decreto publicitario y mandato de lo que se lleva, no por méritos artísticos) largas colas en las aceras durante unas semanas y luego bajará a dormir en el hueco que le reserva el bulto de lo inexistente.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 6 de junio de 1997

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