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La cuarta parte de los que esperan un trasplante de riñón tuvo otro fallido

Los expertos indican la reintervención si hay un 50% de posibilidad de éxito

Un órgano trasplantado no dura toda la vida. Sus receptores lo saben. Por término medio, un riñón procedente de cadáver puede funcionar unos 10 años, si bien hay trasplantados en el mundo que llevan más de 30 años sin problemas. En un tanto por ciento alto se requiere un segundo y hasta un tercer trasplante, que no siempre van a funcionar como el primero.En los últimos cuatro años, y también en el caso del riñón, del total de trasplantes realizados en España, hasta un 14,6% fueron segundos o terceros. En corazón, hígado o pulmón oscila entre un 4% y un 2,8%. Al menos un 25% de todos aquellos que se encuentran en una lista de espera para riñón van a por el segundo intento.

Hace apenas dos semanas moría en Galicia un niño de once años que cuando tenía apenas dos fue el español más joven con un corazón trasplantado. Siempre son años ganados para la vida.

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"Cuando te van a someter a un trasplante, los médicos ya te advierten que no es algo definitivo. El riesgo de rechazo existe desde el primer momento hasta que te mueres. Para combatirlo tienes que estar el resto de tu vida sometido a un régimen de medicación", cuenta Antonio Rodríguez, trasplantado de riñón y vicepresidente de la Asociación Alcer en Madrid.

"Lo que es una barbaridad", prosigue, "es que te digan, como a mí me dijo un médico: 'Tú tienes que olvidarte de que has sido un enferm'. No es cierto. Debemos tener presente que llevamos un órgano ajeno, que responde de forma diferente a los nuestros y que puede ser rechazado", advierte.

La experiencia española en trasplantes, la más rica actualmente en disponibilidades de órganos y organización, permite ver el futuro con esperanza. Los últimos datos de la Organización Nacional de Trasplantes (ONT) indican en el caso del riñón una supervivencia del injerto en el 56% a los 10 años; para corazón es del 54%; hígado, del 65%, la más alta; pulmón, del 40%, y en páncreas -en su mayoría se hace combinado con riñón- hay datos de supervivencia del 70%.

Fármacos

La historia del trasplante en España, con todo, es corta. Los de riñón se iniciaron en 1965 y el resto a partir de 1984. Las mejoras en las técnicas quirúrgicas y de los medicamentos contra el rechazo hacen que estas cifras de supervivencia sean algo superiores en los últimos años.

Los órganos trasplantados fallan en su gran mayoría por la reacción del sistema inmunológico propio a un cuerpo extraño. Hay rechazos agudos, a los pocos días de la intervención, y crónicos, que van minando con el tiempo la funcionalidad del injerto. Un porcentaje menor de trasplantes falla porque persiste la enfermedad que hizo fallar el órgano propio del enfermo.

La aparición de nuevas generaciones de fármacos que: se utilizan, como en el caso del sida, en multiterapia para atacar simultáneamente a varios puntos de la reacción inmunológica del rechazo constituyen hoy la mejor apuesta de futuro. Una vez recibido el nuevo órgano, el receptor tomará toda su vida fármacos, unos Cuatro diarios al principio y más tarde sólo dos.

El acceso a un segundo trasplante está siendo controvertido en los últimos años. Para Blanca Miranda, directora de la ONT, no hay dudas. "Se debe retrasplantar si hay al menos un 50% de posibilidades de que tenga éxito". Aunque esta posibilidad, ya cuantificada, es un 25% menor que la primera, siempre queda la esperanza de encontrar un órgano más compatible que la primera vez, sobre todo, en aquellas personas que no tengan una enfermedad de base que lo ponga en peligro. El paso siguiente es difícil. Los enfermos renales siempre pueden acudir de nuevo a la diálisis, aun con el deterioro vital que ello comporta con el tiempo. Pero para otros, con patologías del hígado o del corazón, el retrasplante separa nítidamente la línea entre la vida y la muerte.

Son múltiples los factores que influyen en la supervivencia de un órgano, como explica Blanca Miranda. Desde la edad del donante hasta la pericia del equipo que realiza el trasplante. La probabilidad de éxito a largo plazo disminuye cuanto más joven sea tanto el donante como el receptor, porque su sistema inmunológico es mucho más activo y capaz de rechazar el injerto.

Influye también la enfermedad de base. "Un trasplante de pulmón funciona mejor si la causa del fracaso fue un enfisema pulmonar que una hipertensión explica Miranda. Porque la misma enfermedad que provocó el fracaso orgánico hará fracasar el trasplante. Un ejemplo claro es el caso de la diabetes y el fallo renal.

Blanca Miranda abunda en la idea de que el trasplante no es la panacea, la solución a todos los males de un plumazo. "Tener un trasplante es tener una enfermedad. De eso no hay duda. Aunque sea menor que una enfermedad renal que te va a matar. Lo que haces es cambiar la muerte por una posibilidad de vida".

A ello se aferran los afectados por una circunstancia fácil de comprender: "Con el trasplante de riñón sucede algo muy curioso. Después de muchos años en diálisis con un deterioro progresivo, recuperas de golpe una situación anterior. Por eso, después de haberlo conocido, te aferras al trasplante con mucha más fuerza que la gente que no lo ha experimentado", asegura Antonio Rodríguez.

Por eso lo intentan una y otra vez.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 5 de mayo de 1997