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FÚTBOL 36ª JORNADA DE LIGA

El Atlético defrauda, en El Sardinero

El Racing mereció ganar por juego y ocasiones, pero lo desaprovechó

El empate pierde prestigio a fuerza de repetirse. Al final, deja un sabor agridulce, sabe a poco, especialmente cuando un equipo, el Racing, hace m ritos para afianzarse con una clara victoria. Hay testigos -17.000 espectadores- y pruebas de sobra -multitud de ocasiones de gol- que atestiguan la superioridad racinguista. No merecía el esfuerzo desplegado por el Racing un final agónico como el que vivió ayer ante el Atlético de Madrid, cuando el central Txema sacaba un balón de su portería con el meta Ceballos ya batido. Es el sino del cuadro de Marcos Alonso. Perdona demasiado, no culmina las grandes jugadas que termina en promesas rotas. El Racing jugó una primera parte intensa, vibrante, merecedora de más goles que ese solitario tanto marcado por el capitán del equipo Merino.El Racing de Marcos Alonso recuperó ante el Atlético de Madrid su rocoso perfil de murallón inexpugnable, ante el que se estrellaron todos los buques insignia de la Liga de las Estrellas, que no lograron pasar el empate en El Sardinero. Además, reencontró el contragolpe, ese arma letal con el que ha desbaratado los planes defensivos de sus adversarios más precavidos. Y claro está, el factor sorpresa causa mayores estragos en defensas tan adelantadas que rozan la autosuficiencia y el desprecio del contrario, como es el caso de la primera línea del Atlético de Madrid. El adelantamiento empieza en el mismo guardameta, a quien es normal verle correr detrás de los delanteros como si fuera un jugador de campo. Con estas jugadas, el espectáculo está asegurado y el público muestra su regocijo.

Sin embargo, la afición cántabra no estaba ayer para bromas y mostró su enojo hacia el arbitraje más discutido y cuestionado de la temporada. El señor Mejuto González señaló un penalti, al parecer inexistente, al portero local Ceballos, que fue fallado por un especialista como Pantic. En cambio, el colegiado no señaló un derribo en la segunda parte de Morán.

El dibujo táctico de Antic y Marcos no fue demasiado novedoso y original. Ambos técnicos diseñaron un 4-4-2 que flexibilizaba las posiciones sobre el terreno cada vez que el partido lo requería.

El Atlético de Madrid defraudó en El Sardinero. Sus grandes figuras, Kiko y Pantic, no brillaron apenas. Sólo Caminero dejó ver algunos destellos de clase en la primera mitad. Tras su lesión, dejó cojo a su equipo, en el que sólo Molina acreditó su gran clase.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 5 de mayo de 1997