El temor a un retraso en la llegada del euro castiga a los mercados de España e Italia

La oleada de especulaciones en tomo a un retraso en la fecha prevista para la introducción de la moneda única ha provocado una caída significativa de la deuda italiana y de la española en los últimos días. La incertidumbre ha desinflado el entusiasmo de los mercados financieros y ha puesto en entredicho la tendencia a la baja de los tipos, especialmente en los países del sur, que necesita Europa para recuperar la senda del crecimiento.
Los políticos europeos parecían haber conseguido mantener la confianza de los mercados financieros en la moneda única, pese a las dificultades que atraviesa la economía alemana y los mensajes contrarios a la participación de los países del sur de Europa en la primera fase de la unión monetaria.La estabilidad cambiaria y la tendencia a la baja de los tipos de interés, necesarias para que Europa siga una senda estable de crecimiento, dependía de ello. Sin embargo, en la última semana las expectativas han cambiado de forma brusca y para echar más leña al fuego, el ministro de Sanidad del Gobierno británico, Stephen Dorrell, afirmó ayer con contundencia que "el Reino Unido no participará en la unión monetaria el 1 de enero de 1999".
Las dudas han afectado particularmente a los mercados de deuda de España e Italia, que fueron los que más se beneficiaron de la perspectiva de unn euro compartido por muchos países. Las presiones especulativas forzaron una intervención de sus bancos centrales en defensa de sus monedas.
Muchos de los fondos de inversión que apostaron por la participación de España e Italia en la primera fase de la unión monetaria están reduciendo el peso que tenían en las carteras de sus clientes los activos denominados en pesetas y en liras. Un informe del banco de inversiones Lehman Brothers, que recoge opiniones de 38 grandes inversores en renta fija, revela que éstos están disminuyendo sus posiciones en España e Italia para invertir en mercados más seguros, como Alemania y sus países satélite, Austria y Holanda.
Otro indicador de este mayor pesimismo es el llamado EMU Calculator, que elabora JP Morgan y que refleja las probabilidades que el mercado asigna a que un país participe, en la primera fase de la unión monetaria en función de sus diferenciales en tipos de interés con Alemania. Las posibilidades de que. España entre en el euro desde su constitución se han reducido del 78% al 62% en los últimos 20 días. Las de Italia, han pasado del 65% al 58%.
Dos son los desencadenantes del creciente escepticismo. De una parte, la debilidad del crecimiento en la primera potencia europea, Alemania, que de confirmarse el dato adelantado de 4,8 millones de parados en febrero, provocaría más incertidumbre entre los analistas sobre su capacidad para cumplir con Maastricht. El temor del superortodoxo Bundesbank, es que Helmut Kohl opte por la interpretación flexible de los criterios para la unión monetaria en el plazo previsto, es decir, enero de 1999. Ello facilitaría la entrada a países como Italia.
De otra, la brecha abierta entre los países más estables y cercanos a la convergencia y los tradicionalmente menos rigurosos. Es decir, entre el norte y el sur de Europa.
A ello, se añaden las dificultades de Italia, cuya entrada en el euro está estrechamente vinculada a la de España, para aprobar un nuevo recorte presupuestario por la resistencia de los socios parlamentarios del Gobierno de Prodi a reducir más gastos y situar el déficit en el 3% PIB.
Decisión política
Aunque la economía española está más cerca de la convergencia que la italiana, la percepción creciente del mercado es que será políticamente difícil que entre la primera y quede fuera la segunda, siendo ésta miembro del Grupo de los Siete y socio fundador de la Comunidad Europea.
Francia teme además, y así lo prueba el apoyo dado hace tres días por el presidente Jacques Chirac a los planes del primer ministro Romano Prodi de entrar desde el inicio en el euro, que si España entra e Italia queda fuera se enfríe el apoyo de Roma al proyecto y se reproduzcan las devaluaciones competitivas de la lira que tanto daño han hecho a la industria francesa.
España, cuya economía goza de una situación más saneada, está así condenada a ser vinculada a Italia. La tendencia a la baja de los tipos de interés en ambos países se ha interrumpido bruscamente. La rentabilidad del bono español a 10 años, que sirve de referencia para los créditos a largo plazo y las emisiones de deuda del Tesoro, subió el viernes pasado al 7,01%, 0,40 puntos más que el mínimo de 6,60% al que se situó un mes antes.
El Gobierno, en anticipación de estas turbulencias, aprovechó las fuertes rebajas de las rentabilidades en los últimos meses para emitir en 1996 un billón más de lo necesario, que le sirve este año como colchón para evitar que la financiación del déficit sea más cara.
El margen de maniobra del Banco de España para seguir bajando los tipos de interés también se está viendo reducido pese al buen comportamiento de la inflación. La debilidad de la peseta, que este semana ha tenido que ser defendida en repetidas ocasiones por el banco central para evitar que el marco subiera a 85 pesetas, podría agravarse si descienden los tipos.
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