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BALONCESTO COPA DEL REY (CUARTOS DE FINAL)

Empanada estudiantil

El Cáceres se aprovecha de los errores del equipo colegial

, Era público y notorio que el Estudiantes anda con la empanada de un tiempo a esta parte. Lo reflejan sus estadísticas, que suman derrotas sin cuento en el último mes, y sus biorritmos. Los biorritmos del Estudiantes en estado de empanada son esquizofrénicos, pero muy rotundos: nada sale bien y todo sale mal. O, dicho de otra manera: todo sale del revés. La defensa es un coladero por más que se movilicen y muevan las manos semejando molinos de viento en plena tormenta etílica. Y el ataque una ráfaga de fogueo tan aparatosa como inútil. Suele ser costumbre de la casa que, llegado ese terrible momento, el personal tome como mejor medida la de correr. A fe que corren y mucho, pero el problema es si lo hacen en la dirección correcta. Para el rival existe un problema: cómo jugar educadamente en medio de ese torbellino sin caer en la tentación de entrar al trapo y tirar la casa por la ventana.El Estudiantes venía con la empanada puesta y el Cáceres, animoso como es, encontró la solución a sus posibles problemas con un tajo en la yugular mediada la primera parte. El tajo tuvo, en este caso, la forma de tres triples que le pusieron en franquicia con más de diez tantos de ventaja. El Estudiantes, al ver el boquete, transformó la empanada en un ataque de histeria colectiva.

El asunto no demandaba otro diagnóstico para el Cáceres que mantener la calma. Lo hizo razonablemente aunque no pudo evitar vivir alguna fase de desasosiego. Pero, quién no, si el rival dispara sin cuento y la pelota no toca el aro mientras los reboteadores miran al techo. Quién no, si Azofra inicia la penetración y el balón le bota en el pie cuando todos los defensores se aprestan a cerrarle el camino y se encuentran con el ataque desarticulado imprevistamente y el atacante entrando desarmado en plena maniobra de engaño. Qué hacer, si el Estudiantes se coloca en zona, presuntamente aguerridos sus muchachos, y presentan unas autopistas sin peaje camino de la canasta. ¿Habrá una trampa en el camino?. Realmente, no había ni trampa ni cartón: era el Estudiantes sin acabar de digerir su empanada.

Al descanso, el Cáceres logró llegar con la renta intacta (32-44) y en la reanudación la fue aumentando tímidamente (ventajas de hasta 16 puntos) para evitarse males mayores en los minutos de la verdad. Mantuvo el orden con alguna dificultad y se recogió en los triples para seguir disponiendo de crédito.

Pero, evidentemente, el Cáceres no es todavía un equipo asentado. No tiene poso porque es un proyecto joven todavía, que sufre cierta indefinición (su plantilla cambia casi totalmente de ano en año). Tampoco tiene un estilo, aunque voluntad no le falta. La política de reclutar jugadores sin fortuna le ha reparado algún éxito parcial, pero le impide diseñar un verdadero proyecto de equipo. Y eso se nota en algunos momentos: a pesar de tener el partido en franquicia, estuvo a punto de caer en la trampa cuando, a falta de minuto y medio, el marcador señalaba un 73-79. Por fortuna, el Estudiantes no estaba ayer para nadie.

A fuerza de tanto correr, de ver jugar a los estudiantiles en todas las esquinas de la cancha, de permitir que el balón viajara sin freno de una canasta a otra, el partido transcurrió veloz. Tanto que no hubo tiempo ni lugar para ver algo notable. El Cáceres se vio vestido de semifinalista con más facilidad de la prevista y el Estudiantes apenas tuvo respiro, un leve instante de lucidez. Irremediablemente, habrán vuelto a casa con la empanada puesta.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 2 de febrero de 1997