Crítica:ROCK: DEF CON DOSCrítica
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A tope de creatividad

La mayoría de edad del rap and roll hispano ha llegado. Def Con Dos han abierto escuela y ahora el camino hacia la revolución por la vía sonora va construyéndose, adoquín a adoquín, en las tiernas mentes juveniles que, sustrayéndose a la patética oferta comercial de la adocenada industria del disco, buscan un baño de ingenio textual, mezclado con ritmo y electricidad guitarrera de carácter primario. ¿Musicalmente monotímbricos? Es posible. Pero, para riqueza armónica, ya tenemos a los Beatles y a algunos cantautores.Como teloneros de una velada en la que el público llenó al completo el recinto, actuó primero el grupo sevillano Narco. Este quinteto demostró ser un aplicado estudiante de la filosofía Def en su versión más subversiva y sexualmente explícita, aunque su estilo vocal es deudor del grupo Pantera y de otros terroristas sonoros de similar pelaje. Mezclaron canciones propias como Puta policía, de su disco de debú, así como samplings de películas de Abel Ferrara o series de televisión mexicana, preparando el advenimiento escénico de la banda que mejor cuida su autopromoción en el provinciano paisaje rockero español.

Def Con Dos y Narco

Sala La Riviera. 1.500 pesetas. Madrid, 31 de enero.

Por fin, el Escuadrón de las Sombras al completo saltó al escenario en medio de una presentación inspirada en alguna pesadilla industrial y con el enorme y vigilante ojo omnipresente del Gran Hermano. Pero ese ojo sólo era la puerta por la que se entra a Ultramemia, o, lo que es igual, al mundo convencional contemplado en el prisma de Strawberry, Kurtz, Sangre, Al Andalus, Little Bol y compañía.

El grupo descargo uno de los mejores repertorios contemplados últimamente en la capital, con un sonido y unas luces a nivel notable y un público arrebolado y gritador de cada una de las consignas sugeridas desde las tablas: La culpa de todo la tiene Yoko Ono, Odio a los mártires del rock, El coche no, Pégale al ruido o Tuno bueno, el tuno muerto. También hubo espacio para retratar la relación del grupo con el cine -Acción mutante y El día de la Bestia- y, para finalizar el concierto, una de las tracas subversivas más efectivas que se recuerdan: (Yo quemé el) Liceo, Poco pan y pésimo circo, Alzheimer, Veraneo en Puerto Hurraco y Sigo siendo heterosexual.

Es evidente el tono gamberro que se mantuvo en todo el concierto, así como las ganas, tanto del público como del grupo, de celebrar esa catarsis, a modo de danza guerrera contra la estupidez que se ha convertido en el eterno caballo de batalla de la banda y sus seguidores. Sin ayuda de nadie -poderes fácticos o mediáticos- Def Con Dos están muy arriba, y a tope de capacidad creativa.

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 01 de febrero de 1997.

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