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Tribuna:

Caribe aquí

Madrid está tropical, antillano y sabrosón en las postrimerías de este siglo. Muchos gatos se vuelven mulatos por la noche, se empapan de mojitos, se solazan con daikiris y adoban sus meneos con salsa caribeña. El fantasma de La Lupe recorre de madrugada los garitos del centro. Omara Portuondo ha destronado a Celia Gámez. Manolín, El Médico de la Salsa, imparte recetas calientes en el cuartel del Conde Duque. Compay Segundo y Sus Muchachos reparten a diario por nuestros bares el elixir de la longevidad marchosa. La Vieja Trova Santiaguera arrebata a los jóvenes. Gema y Pavel destapan en el foro el tarro de las esencias mestizas. Orquestas como Havana Conexion o Sociedad Latina provocan sudores sensuales en las salas de baile. Dentro de unos días la plaza de Toros de las Ventas acogerá el Tropical Tribute to the Beatles, con Celia Cruz, Tito Puente y Cheo Feliciano. El mambo, que ya arrasó hace medio siglo, está a punto de nuevo pelotazo.Desde hace unos años, miles de madrileños de toda clase y condición visitan las Antillas, principalmente Cuba, Santo Domingo y Puerto Rico. Cuando vuelven traen consigo una especie de arrebato tropical que ellos inoculan a familiares y amigos. Poco a poco el virus ha ido calando hasta el punto de que ahora mismo no se concibe a esta ciudad sin los sones caribeños y afrocubanos.

Decenas de bares y restaurantes se han convertido en animadores del sabor tropical y la alegría de vivir. Los músicos han caído rendidos ante el son. Pero el Caribe son muchas islas, cada una de las cuales con su magia propia. Jamaica, que tanta influencia. ha tenido en el pop-rock, lleva ya tiempo representada en dos bares punteros, Big Bamboo y Rasta Too. La Antigua, otra islita antillana, dan nombre al local de moda regentado por el baloncestista José Miguel Antúnez.

Y para animar más la cosa, acaba de publicarse Crónicas caribes (El País-Aguilar) de Miguel A. Barroso e Igor Reyes, Ortiz, un libro fascinante de placentera lectura para los amantes del. surrealismo, el alucine y el asombro.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 7 de julio de 1996