"La nostalgia es la materia prima de mi escritura"

"No volveré a escribir nunca más", juró Gabriel García Márquez en 1964. Dos años después, publicó Cien años de soledad, que le hizo ganar un Premio Nobel. [Su última novela, Noticia de un secuestro, aparece la próxima semana en el feria del libro de Bogotá y a partir del 15 de mayo en España, en la editorial Mondadoril]. Entrevistado en el despacho donde escribe en Ciudad de México, habla de la memoria y de los ordenadores, del sueño y de la fama, del amor y demás demonios.Gabriel García Márquez vive en la calle del Fuego, esquina con la calle del Agua. La casa está situada en un barrio llamado Pedregal de San Ángel, al pie de Monte Ajusco, en la zona sur de la enorme Ciudad de México.

Más información

La conversación pasa de una discusión sobre el español moderno al judeoespañol, al ladino. El escritor se levanta inmediatamente y coge de la estantería un gran diccionario en el que encuentra once explicaciones diferentes de la palabra ladino. Después de leer en alto toda la entrada, declara que el diccionario es el libro que mayor influencia ha tenido en su vida. "Todas estas estanterías están llenas de diccionarios. Ésta es la biblioteca donde trabajo, tiene los libros que necesito para escribir. A veces necesito matar un personaje y no sé cómo, y entonces utilizo este diccionario" . Saca Writers Complete Crime Reference Book, en el que aparecen instrucciones detalladas para llevar a cabo el asesinato perfecto. "Un escritor de novelas debe tener conocimientos en todos los campos", dice para resumir.

Ya que está de pie, García Márquez aprovecha la oportunidad para presumir y mostrar otros contenidos de la biblioteca. "¿Quiere saber cuánto me gusta la música?", pregunta, y abre unas puertas tras las cuales hay colocados miles de discos de vinilo. "Los discos están desapareciendo. Como no dispongo de mucho tiempo, tengo discos compactos que escucho en el coche. En realidad, la música me interesa más que la literatura. No sólo me interesa más, me gusta más". Le gustan especialmente el compositor húngaro Bella Bartok, Beethoven y los ritmos latinoamericanos de la rumba, el bolero y el pasodoble. Prevé que, dentro de poco, todo estará en discos compactos. " Creo que desaparecerán incluso los libros. Tienen algo muy primitivo".

_¿También escribe las cartas en el ordenador?

-No escribo cartas.

No puede ser. El hombre cuyos libros estan repletos de cartas de cortejo, de cartas de amor, de cartas con amenazas de muerte, de cartas que nadie llega a abrir, de cartas que sólo son descubiertas póstumamente, el hombre que escribió El coronel no tiene quien le escriba, precisamente él, ¿no escribe cartas?"Es una triste historia", explica. "Hace muchos años, un amigo mío que tenía problemas económicos vendió algunas cartas personales a cierta universidad, entre ellas algunas mías. Fue muy embarazoso. Desde entonces, no he vuelto a escribir cartas. Por eso gasto demasiado dinero en teléfono y, a veces, envío un fax. Aparte de eso, mi caligrafía ha empeorado con el paso de los años y, cuando tengo que escribir algo -como correcciones en los márgenes de un manuscrito impreso- no lo entiendo ni yo. En mi infancia tenía una caligrafía muy bonita, pero la he perdido con el paso de los años".García Márquez ha dicho en varías ocasiones que todas las experiencias y detalles que cuenta en sus libros, e incluso su estilo literario, parten de la infancia que pasó en casa de su abuela. ¿Se puede deducir de esto que todos los autores tienen básicamente, una historia que se limitan a contar una y otra vez?

"En primer lugar, creo que un autor nace, no se hace. Nace con el don, con la vocación y con todo lo que es necesario para aprender a escribir.En segundo lugar, no creo que haya una sola línea en todos los libros que he escrito que no esté relacionada con mi infancia. La infancia es la fuente esencial de todo lo que escribo y la nostalgia es la materia prima fundamental que forma la base de mi escritura. No me refiero a la nostalgia de Chico, aquéllos sí que fueron buenos años, sino más bien al hecho de ver la vida desde una perspectiva determinada". García Márquez compara la memoria humana con un disco duro. "Todos nosotros nacemos con un disco vacío que tenemos que llenar con un material nuevo y fascinante. Pero a medida que uno se va haciendo mayor, el disco duro está cada vez más lleno, hasta que, finalmente, ya no acepta material nuevo. Entonces, tenemos que empezar a utilizar diskettes, pero tenemos que quitar cada diskette cuando está lleno y, si queremos recordar algo, tenemos que volver a insertarlo. Entretanto, la memoria que ha sido grabada en el disco duro siempre está disponible. De eso es de lo que hablo cuando hablo de mi infancia: del disco duro".

-¿Sería correcto decir que ha cogido su memoria y la ha convertido en una vocación?

-He vivido de mi memoria durante toda mi vida, y éste es un hecho que me preocupa mucho ahora, porque he empezado a notar que me traiciona. Por ejemplo, tengo una lista de rostros y una lista de nombres en la cabeza, pero soy incapaz de relacionar unos con otros.

García Márquez se despierta a las cinco de la mañana todos los días. Después de un café rápido, pasa las tres primeras horas del día leyendo. "Si no leo en ese momento del día, no consigo leer nada en absoluto". Imprime el texto que ha escrito el día anterior y hace correcciones a mano. A las ocho, como muy tarde, se sienta delante del ordenador, introduce los cambios y sigue escribiendo hasta las 14.30. García Márquez no considera escribir un acto de inspiración. Tampoco lo considera un trabajo. "Para mí, escribir es como la carpintería", asegura.

Cuando trabaja en un mueble nuevo, no deja que nadie lo vea. García Márquez no deja a nadie echar un vistazo hasta que el primer borrador está terminado. En este momento, el texto todavía está lleno de errores, lleno de dudas y escrito, según su propia definición, sólo "más o menos". En cualquier caso, no de la forma en que se publicará finalmente. García Márquez revela: "La máquina que más trabaja en esta casa no es el ordenador, ni la fotocopiadora, ni siquiera el frigorífico, sino la máquina destruye papeles. Dicen que la calidad de un escritor se mide más por lo que desecha que por lo que publica. Siempre destruyo todos los borradores. Unicamente este año, por primera vez, regalé a mi mujer, Mercedes, los 11 borradores que llevaron a la versión final de Del amor y otros demonios".

-¿Por qué los destruye?

-En primer lugar, por vergüenza. Un crítico que leyese esos borradores sabría las mentiras que he contado y las cosas que me he inventado, y no quiero que se me conozca de ese modo. También destruyo los primeros borradores porque, en los tiempos que corren, esta clase de material se considera mercancía muy valiosa. Pagarían cualquier suma imaginable por las copias originales con las correcciones de mí puño y letra. Personalmente, me dolería mucho terminar ganándome la vida con ejemplares de mi caligrafía en lugar de con libros.

Después de escribir y destruir muchos borradores, llega un punto en el que García Márquez necesita una perspectiva del exterior. Tiene un grupo de amigos, cuenta el escritor, "y me dicen unas cuantas verdades; algunos ni siquiera me dicen toda la verdad. Después, cuando leen el libro entero, todavía me dicen: ,¡Qué maravilla! ¡Es justo como pensaba que tenía que ser, pero no me atrevía a decírtelo!".

García Márquez explica que el primero de sus lectores es siempre su amigo Álvaro Mutis, el autor colombiano. En 1964, García Márquez dijo a Mutis: "No volveré a escribir nunca más". El escritor había experimentado una mala racha de cuatro años y no había conseguido publicar ni una sola obra literaria. Un día, se fue de vacaciones con su mujer y dos hijos. Entonces, en la carretera entre Ciudad de México y Acapulco, descubrió para su sorpresa que era capaz de recitar palabra por palabra el libro que había querido escribir desde que tenía 15 años. El Opel de la familia tomó inmediatamente un cambio de sentido para regresar a casa. Por el camino, García Márquez pidió a su mujer, Mercedes, que se ocupase de las finanzas de la familia durante los seis meses siguientes, tiempo durante el cual escribiría su libro. Gabriel García Márquez se sentó en su despacho durante ocho horas diarias y escribió una historia sobre la dinastía Buendía, de Macondo. Dieciocho meses después, cuando las deudas de la familia ascendían a casi un millón y medio de pesetas, el manuscrito se envió por fin a una editorial. "Cien años de soledad fue como una explosión", recuerda. "Cuando escribí mis cinco primeros libros, siempre tuve la sensación de que faltaba algo, pero

no sabía el qué. Sólo sabía que quería escribir un libro en el que pasase de todo. Me había dado cuenta de que las cosas más fantásticas y sobrenaturales pasan en la vida real en las islas del Caribe. Así que llegué a la conclusión de que si mi abuela me había contado esas historias y me las había creído, ¿por qué no escribir de la misma manera?".El primer libro que leyó en su vida fue Las mil y una noches. Acababa de aprender a leer. El joven Gabo encontró los capítulos del libro sin encuadernar en un cajón polvoriento y empezó a leer: "Vi que se abría una botella y salía un genio, leí acerca de una mujer que rajó el vientre de un pez y encontró un diamante del tamaño de una almendra. Pensé: ' ¿Por qué no tienes el valor de escribir así?'. Al fin y al cabo, mi madre me había contado historias como ésas y mi abuela me contaba de la forma más natural cuentos más imaginativos todavía. Me pregunté por qué allí volaban las alfombras y la gente se lo creía. Bueno, no puedo escribir sobre alfombras, porque en mi pueblo no hay alfombras. Pero hay esteras de paja. Así que las esteras de paja vuelan y también volará la gente".

"Así que ya tenía una definición literaria y estética de lo que quería escribir. Pero todavía me faltaban elementos vitales: estilo y tono. Volví a preguntarme por qué me creía aquellos cuentos cuando me los contaba mi abuela. Comprendí que era por la expresión de su cara. Cuando contaba una historia, parecía completamente convencida, hasta lo más profundo de su ser, de lo que contaba. Era así, simplemente sucedía así. Entonces me dije que así es como tenía que escribir el libro, con una convicción absoluta. Aquella fue la fórmula de Cien años de soledad".

La primera edición se agotó en cuestión de días. Se vendieron millones de copias del libro y se tradujo a docenas de idiomas. Fue inmediatamente canonizado como obra clásica de la literatura. "Por supuesto, me quedé atónito. Todo esto pasó de la noche a la mañana. De repente, no podía salir a la calle (y, desde entonces, me siento en los restaurantes de espaldas a la puerta, al contrario de lo que hacen los vaqueros en las películas). Llegué a la conclusión de que tenía que comportarme como si no hubiera pasado nada. Hacía mi trabajo y me decía que no era más que un libro más en el conjunto de mis obras creativa. Esta conclusión me consolaba porque mis lectores esperaban que se publicase otro libro como Cien años de soledad instantáneamente, que me sentase a escribir y todo saliese igual. También había un problema moral, porque si hubiera querido seguir escribiendo más libros como Cien años de soledad, habría sido una farsa".

Cuando recibió el Premio Nobel se le planteó un dilema. Temía que el premio le paralizase como les había ocurrido antes a numerosos escritores. "Ningún escritor ha vuelto a escribir una obra creativa decente después de recibir el premio. Ahora entiendo por qué se lo dan a candidatos muy viejos, ya han terminado su trabajo. Lo único que merece la pena del Premio Nobel es que da publicidad".

Hoy, García Márquez puede hacer lo que quiera. Después de tres atlas de trabajo durante los cuales ha participado en cientos de reuniones y entrevistas, ha: descifrado 120 cintas magnetofónicas y ha estudiado detenidamente miles de extractos de periódicos y documentos, acaba de entregar su última novela, Noticia de un secuestro, sobre el secuestro de nueve periodistas en Colombia al principio de la década actual. En 1990, mucha gente -incluido el Estado- seguía la pista de Pablo Escobar, el señor de la droga que, básicamente, gobernaba la vida de los colombianos. Las autoridades le ofrecieron rendirse pero él puso dos condiciones: que no le deportasen a Estados Unidos y que le garantizasen que su vida estaría a salvo incluso en el lugar de su en carcelamiento. Como baza adicional de negociación, tuvo secuestrados desde agosto de 1990 hasta junio de 1991 a nueve periodistas, entre ellos a la hija del ex presidente de Colombia y al redactor jefe del periódico El Tiempo. Los utilizó en las negociaciones que se entablaron para que se entregase. Las exigencias de Escobar fueron completamente satisfechas y finalmente liberó a los periodistas. Uno fue acribillado accidentalmente en un tiroteo.García Márquez explica: "Escribí sobre aquel año. Me imaginé cómo transcurría la vida de cada una de las víctimas del secuestro; cómo era la vida de las familias de las víctimas; demostré hasta qué punto esta situación afectó a todo el país. Escribí todos los días durante tres años. En mi opinión, la historia es todavía más increíble que ninguna de las novelas que he escrito. Allí ocurrieron cosas increíbles".

Trabajar en ese libro despertó en el escritor un fuerte deseo de volver a escribir fantasía pura. "Pensé en tres novelas cortas, cada una de las cuales sería como Crónica de una muerte anunciada y estarían recopiladas en un libro. Las escribiría y promocionaría como unidades separadas y no se pondrían a la venta en un único volumen hasta después, honestamente, con tres títulos en la única página del título. Ya tengo las tres historias en la cabeza como si las hubiera escrito. Ya sé qué va a pasar en ellas, cuánto van a durar y todo".

Una vez, en los años setenta, le preguntaron cuál era su libro favorito y respondió El otoño del patriarca. Cuando le hicieron la misma pregunta en los ochenta dijo que Crónica de una muerte anunciada. Ahora, en los noventa, contesta que su favorito es El amor en los tiempos del cólera."Ese es el mejor, ése es el libro que escribí desde mis entrañas".

-Hay algunos críticos que encontraron en ese libro los elementos del romance barato.

-La verdad es que soy un gran admirador de la telenovela como género, pero los intelectuales la han dejado en manos de los ineptos. [Por otro lado, en los anos sesenta, García Márquez escribió aproximadamente una docena de conmovedores melodramas para la industria del cine mexicano, algunos de los cuales fueron escritos en colaboración con otro joven escritor llamado Carlos Fuentes]. En realidad, lo que les pasó a Fermina Dassa y Florentino Arissa es exactamente como un guión de telenovela. Además, toda historia de amor es una novela romántica.

-Este tema del amor es exactamente de lo que quería hablar.

-No tengo la menor idea de qué es eso, -dice García Márquez riéndose- He escrito 14 libros pensando que quizá encontraría la respuesta a esa pregunta en algún momento. Pero, en serio: ¿qué consigue una persona a lo largo de su vida, qué es lo mejor que una persona puede conseguir aparte de amar y ser amado? En realidad, nunca he tratado otro tema que no fuera el amor.

-En sus libros, las mujeres son habitualmente más fuertes, más decididas y, frecuentemente, más inteligente que los hombres. ¿Es ésa la forma en que percibe la realidad realmente?

-Así es, sin lugar a dudas. Las mujeres me traen buena suerte. Estoy rodeado de mujeres. Mis amistades son mujeres y Mercedes ha tenido que aprender que ésa es mi forma de ser, que todas mis relaciones con ellas son únicamente coqueteos inofensivos. Todo el mundo sabe ya cómo soy. Cuando me invitan a una comida, todas las mujeres se sientan alrededor de Gabito y los hombres se van a algún otro lado. Hay una clase diferente de comunicación con las mujeres. Si pones las cartas sobre la mesa con ellas, son fieles hasta la muerte, pero -dice levantando la voz- si las traicionas, reaccionan cruelmente. De hecho, siempre son crueles. Saben que si no consiguen estar a la altura de alguna de esas buenas cualidades que definen su género, toda la raza humana se extinguirá. Esa es la razón de que los hombres podamos divertirnos escribiendo, o en la guerra, o con otras diversiones. No hay problema, porque tenemos a las mujeres. Pero con el amor hay un problema. Cuando una mujer ama a un hombre y tienen un hijo, ella da al hijo todo lo que antes daba al marido. Así que la verdad es que el matrimonio dura hasta el nacimiento del primer hijo y luego la mujer se casa con el hijo. Todas las expectativas de amor que hicieron al hombre casarse se van a pique. Porque lo que le interesa a la mujer es que la raza humana siga existiendo. Ya he dado a esta explicación una dimensión mágica. En mi opinión todo el concepto de la mujer es mágico.

Copryright Seaguy Green Ha'Aretz.

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 04 de mayo de 1996.

Archivado En:

Te puede interesar

EmagisterFORMACIÓN CON DESCUENTO

Lo más visto en...

Top 50