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El problema de los sociópatas

Los sociópatas -casi todos los expertos han abandonado la vieja denominación de psicópata- son imputables [responsables penalmente] y se les interna en centros penitenciarios. Eso les permite tener más garantías jurídicas que el enfermo mental. El problema para la sociedad es que cuando salen de la cárcel suelen volver a delinquir y el problema para ellos es la desalentadora coincidencia entre los expertos sobre la falta de cura para su anomalía psíquica, que altera su conducta social.El psiquiatra José Cabreira Forneiro ofrece el dato de que, mientras sólo un 3 % de los esquizofrénicos que hay en España originan problemas judiciales, un 15 % de los sociópatas delinque. Estima que se trata de "trastornos en la manera de ser que proceden de la más tierna infancia".

Otro psiquiatra, Leopoldo Ortega-Monasterio, considera que "las psicopatías-disociales son formas permanentes de ser y existir en las que el sujeto siempre tiende a ser así", y confiesa: "Ante este tipo de personalidades disociales o conflictivamente inadaptadas no disponemos de terapias efectivas".

El declive de la vitalidad

El forense Manuel García-Nart señala que los sociópatas son "poco receptivos al tratamiento, y hay que esperar a que con la edad decrezca su vitalidad". Recuerda el pesimismo de un experto sueco, que señalaba recientemente que "los psicópatas han sido muy bien tratados en Rusia y a patadas en Estados Unidos, con el mismo nulo resultado".Psicólogos como Blanca Vázquez, Cristina Rechea o Javier Urra coinciden en la ausencia de emociones del sociópata, unida a su inteligencia, falta de compasión y de empatía (capacidad de ponerse en el lugar del otro) y habilidad para simular, que permite errar el diagnóstico y considerar curados a quienes no lo están. Urra, especializado en menores, cree que "a los chavales es más fácil hacerles cambiar, pero a los adultos sólo cabe aislarles, para que la sociedad sepa que no saldrán".

El profesor Vicente Garrido Genovés, director de un libro colectivo titulado Psicópata, cree necesario "realizar un análisis muy fino de cada uno de estos sujetos" y critica que "en España no hay una unidad especializada en el tratamiento del psicópata".

El psiquiatra Luis Rojas Marcos cree tan inexplicables como "un ciclón o un terremoto", pero humanas, con ductas como la del que estrangulaba atrozmente en Nueva York "para poder observar las caras de horror de quienes descubrieran el cadáver" o la de los dos estudiantes madrileños del juego del rol que acuchillaron a un hombre que esperaba el autobús Porque "era gordito y mayor, con cara de tonto" y llevaba "una papeleta imaginaria que decía: "Quiero morir".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 3 de marzo de 1996