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Scorsese pide que la UE presione a EE UU sobre los derechos de autor

El cineasta ataca el incumplimiento del Tratado de Berna

El prestigioso cineasta neoyorquino Martin Scorsese ha pedido al Gobierno español y al resto de los europeos que presionen en Estados Unidos para que se respete el derecho moral de los creadores norteamericanos sobre sus obras. Mediante una carta, con fecha de 7 de noviembre, enviada a los organizadores de las jornadas Realidad Audiovisual Europea, que se inauguraron ayer en Madrid, el director de títulos, ya míticos en la cinematografía solicita, de la Unión Europea una protesta formal ante el in cumplimiento por parte de su país del Tratado de Berna, que regula, el derecho de autor.

Scorsese está embarcado desde hace años, junto al también director y productor- Francis Ford Coppola, en una cruzada a favor de los derechos morales de los autores en su país, que incluye la posibilidad de- que distintos creadores norteamericanos se terminen acogiendo a sociedades de autores europeas. En las jornadas sobre Realidad Audiovisual Europea, que ayer fueron inauguradas en Madrid con- la caída de carteI de los más importantes y anunciados participantes -no sólo Scorsese, sino también Almodóvar,. Gillo Pontecorvo y Theo Angelopoulos, los americanos plantearon a las claras los problemas a los que se enfrentan sus creadores, en un insólito tono de ayuda y envidia ante la situación de los europeos. Este derecho está, recogido en el Tratado de Berna y, aunque Estados Unidos firmó este convenio, la ausencia de legislación al respecto deja sin efecto el derecho moral de los autores.Elliot Silverstein, antiguo director de cine (Un hombre llamado caballo),y actual presidente de la Fundación de Dierechos de los Artistas, explicó que los guionistas y director-es de cine en su país carecen de derecho moral sobre sus obras. ,"Son los grandes estudios y las grandes empresas, como personas jurídicas, los poseedores de estos derechos, lo que se traduce en que son ellos los. que pueden manipular y hacer con ellas lo que se les antoje, colorearlas, cortarlas, alargarlas, cambiarlas..." se lamentó Silverstein, quien advirtió que este "veneno", que deja. desprotegido al autor frente a su obra, ""puede extenderse en Europa" dado el poder de la industria audiovisual norteamericana.

"`Para los grandes estudios ya no hay versiones definitivas de las películas, y justifican esta política basándose en la explotación comercial del producto.. Así, el derecho moral se ve como un freno a esa explotación", dijo Silverstein, quien advirtió contra las ayudas anunciadas recientemente en Madrid por Jack Valenti, el presidente de la MPAA (asociación gremial de la industria americana), "El dinero trae consigo otras obligaciones' y hay que ser muy precavido con esas obligaciones, ya que Va lento predica por todo el mundo su opinión favorable a la ausencia de derecho moral de los autores", afirmó. el presidente de la Fundación de Derechos de los Artistas.

Para envidia de Silverstein, Claude Brulé, vicepresidente de la CISAC (organismo que reúne a 157 sociedades de autores de todo el mundo) puso un ejemplo bien claro: La jungla de asfalto es propiedad de Ted Turner -dueño de la cadena de televisión CNN y esppiso de Jane Fonda- y puede hacer con ella lo que quiera. ""Sin embargo, cuando en Francia se pretendió proyectar con cambios, un tribunal lo prohibió, ya que cualquier obra extranjera se beneficia de los mismos derechos morales que las obra s francesas. El juez dictaminó que La jungla de as-, falto sólo sé podía proyectar tal y como la había rodado John Húston", dijo Brulé.

Frente a esta petición un tanto angustiada de los norteamericanos, el francés Robert Enrico (presidente de la Federación Europea de Realizadores Audíovisuales), no quiso pasar por alto el dominio del mercado audiovisual de Hollywood. "Si la cultura es el reflejo de un nación, el hecho de que la cultura de una sola nación domine el mercado, que es lo que pasa ahora con Estados Unidos, equivale a una dictadura y a la pérdida de la libertad de expresión", dijo Enrico.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 11 de noviembre de 1995