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Editorial:

González mueve ficha

FELIPE GONZÁLEZ movió ayer ficha en el complicado tablero político. Por primera vez, el presidente del Gobierno ha admitido la posibilidad de un adelanto de las elecciones generales, aunque sin renunciar a apurar hasta 1997 la legislatura. El alargamiento, no obstante, pareció un mero recurso estilístico sin excesivos visos de verosimilitud. González ha descartado "en principio" elecciones en el presente año, pero ha citado las opciones de la primavera y el otoño de 1996. También se ha mostrado dispuesto a negociar ese calendario de anticipación electoral con las demás fuerzas políticas.Ha lanzado, además, otro mensaje: él no gobernará en minoría sin una aprobación de los presupuestos generales. El presidente González envía así el claro mensaje a sus socios de Convergència i Unió de que ahora son ellos los que habrán de tomar decisiones. Quiere unos presupuestos sin concesiones que harían más lejanas las posibilidades españolas de converger realmente con el núcleo duro de la UE, y cree que hay aún 40 leyes de las que al menos las más importantes habría que aprobarlas en la presente legislatura. Quiere hacerlo, dijo, porque lo considera lo más conveniente. Pero no a toda costa.

La situación política es ya tan confusa que al presidente del Gobierno ha debido de resultarle imposible no reaccionar, aunque ésta posiblemente siguiera siendo para él la opción más tentadora. La oposición se lo ha hecho fácil durante mucho tiempo con exigencias maximalistas equivalentes a su renuncia y abandono del mandato de gobierno recibido en 1993. en las urnas. Esa posición se ha mantenido durante dos años, en los que la situación de González era mucho más fuerte que ahora y contaba con el claro y expreso apoyo de Jordi Pujol.

Ahora la situación admite pocas dilaciones. El apoyo de Pujol para la mayoría que González ayer declaró imprescindible se tambalea. No podía caer' ahora en esa posición de numantinismo de la que tanto se le ha acusado. No ha caído, desde el momento mismo en que la estabilidad política ha sido señalada por él como un objetivo prioritario de su acción de gobierno. González estaba obligado, pues, a tomar iniciativas tendentes a adaptar la gobernación del país al escenario político que se perfila para los próximos meses. Máxime si Pujol da carpetazo definitivo al apoyo global el próximo día 17.

Difícilmente tranquilizará este movimiento de ficha de González a quienes siguen insistiendo en su dimisión y en el adelanto electoral. Pero sí puede quizá crear el clima para que las principales fuerzas políticas acaben aceptando su invitación para retomar el diálogo y establecer ese calendario para unas elecciones que no mine la efectividad de una presidencia de la UE que todos los participantes en el pleno del Congreso el martes consideraron importante para los intereses de España. La reacción del Partido Popular, negándose a entrar en cualquier ronda negociadora, aleja la necesaria tranquilidad, pero no la excluye.

Al margen de las propuestas electorales, González tampoco abrió ayer la carrera por su sucesión, al menos como hipótesis seria de discusión. Aunque el posible relevo se planteara por parte de algunos miembros de la cúpula del partido, González tenía sólidos argumentos para reafirmarse en su criterio de que ni corre prisa ni solucionaría nada. Pasado el verano y dada la rapidez con la que evolucionan los acontecimientos, la situación podría ser bien distinta. En principio, ayer se le pidió que estuviera a disposición del partido como candidato para las próximas elecciones. Es muy posible que las razones de tal solicitud fueran muy diversas y que las de algunos fueran incluso malintencionadas. Pero también es cierto que los diversos sectores no pueden tener ningún interés en fomentar ahora el canibalismo en el seno del partido.

Aclarado, al menos hasta donde un González siempre ambiguo quiere llegar, el calendario electoral y su ánimo de gobernar con mayorías, el futuro político de este país debería poder discurrir por unas coordenadas previsibles, algo que no dejarán de agradecer especialmente los mercados financieros y los agentes económicos. Y la mayor parte de los ciudadanos. Cuando concluya el semestre, quien tiene la facultad constitucional de disolver las Cortes y convocar elecciones está dispuesto a hacer uso de esa facultad en el instante mismo de llegar a un acuerdo al respecto con las otras fuerzas políticas. Habrá sin duda muchas voces que dirán que esto no es nada. Y sin embargo, sí supone un punto de inflexión que todas las fuerzas políticas deberían percibir y aprovechar para colaborar en establecer los cauces a lo que sin duda es un cambio de época en la España democrática, se presente o no finalmente Felipe González a las elecciones generales.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 7 de julio de 1995