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Milosevic envía tropas a los serbios de Bosnia

Mientras la ONU prorroga por otros 75 días, hasta el 18 de septiembre, la suavización de las sanciones internacionales que pesan sobre el régimen de Belgrado, la evidencia apunta que Milosevic no sólo no ha cortado sus lazos con el régimen de Radovan Karadzic, con el que rompió oficialmente hace casi un año, sino que ha pasado a ayudarle abiertamente, incluso militarmente. Además de devolver a los frentes de guerra de Bosnia y Croacia a algunos miles de refugiados de origen serbio durante las últimas semanas, Belgrado envía bajo camuflaje a unidades especiales de su propia policía a luchar en suelo bosnio, junto a las tropas de Karadzic.

La Operación Tara, que toma su nombre del bosque desde el que se produce la infiltración a Bosnia, se viene realizando, secreta y rutinariamente, al menos desde diciembre pasado, cuatro meses después de la teórica ruptura, según testimonios solventes recogidos por EL PAÍS. Las unidades policiales movilizadas, en grupos de 30 o 40 agentes, lo son con el pretexto de maniobras en la frontera con Bosnia. En estas incursiones, las fuerzas especiales serbias son llevadas al Parque Nacional de Tara, no lejos del enclave musulmán de Srebrenica, desde donde pasan a territorio serbobosnio a través de senderos de montaña. Allí se produce el cambio de uniformes y el despliegue de las unidades. En una de estas acciones, el pasado invierno, las tropas serbias fueron estacionadas en trincheras a lo largo de Bosnia oriental, donde permanecieron durante un mes, tiempo normal de rotación, sin intervenir directamente en combates debido a la crudeza meteorológica.Las fuerzas especiales movilizadas lo son con carácter rotatorio y obligatorio, proceden de diferentes partes de Serbia y se les advierte expresamente que a todos los efectos se trata de ejercicios de entrenamiento. La policía serbia, una fuerza paramilitar uniformada permanentemente de camuflaje, próxima a los cien mil hombres, que cuenta con unidades artilleras y tiene más presupuesto que las Fuerzas Armadas, es, según fuentes coincidentes de la capital serbia, la mano derecha del presidente Slobodan Milosevic.

La última vez

Al votar en la madrugada de ayer el mantenimiento de las sanciones atenuadas contra Belgrado -que permiten los vuelos internacionales y la participación en acontecimientos deportivos y culturales, además de flexibilizar la importación de mercancías consideradas de uso humanitario-, representantes estadounidenses en el Consejo de Seguridad anunciaron que ésta era la última vez que autorizaban esta prolongación. Los altos funcionarios acusan a Milosevic: de quebrantar su promesa de mantenerse alejado de la guerra y aseguran disponer de informes fiables que establecen la responsabilidad directa del Ejército yugoslavo, a través de un sistema de combate antiaéreo integrado con sus aliados de Bosnia y Croacia, en el derribo en junio de un cazabombardero de EE UU sobre Bosnia.

Washington, dijeron, presentará inmediatamente pruebas de la movilización forzosa de refugiados de origen serbio y su envío a los frentes vecinos por el Gobierno de Belgrado. Milosevic, además, ha despachado recientemente a Knin, capital de los serbocroatas de Krajina, al general yugoslavo Mile Mrksic, con la misión de reorganizar al desmoralizado Ejército rebelde. Los separatistas serbios de Bosnia y Croacia necesitan urgentemente más. hombres en armas para contrarrestar el creciente poder de los ejércitos de Sarajevo y Zagreb.

El Supremo serbio es cortejado desde hace tiempo por los países occidentales, que valoran en el arquitecto de la guerra balcánica al único poder real capaz de detenerla después de casi cuatro años, como subrayó ayer en Sarajevo el enviado europeo, Carl Bildt. Practicando la política del palo y la zanahoria, las potencias mediadoras en Bosnia, con Washington al frente, han convertido Belgrado en lugar de peregrinación intentando que Milosevic reconozca las fronteras del país vecino. Pero el éxito del líder serbio en la crisis de los rehenes y los reveses de sus correligionarios bosnios parecen haber enquistado su posición y, de momento, no hay nada de ese eventual reconocimiento.

Oficialmente, los 177 observadores internacionales situados a lo largo de 19 pasos en el río.Drina desde que Milosevic impusiera a sus exaltados aliados el cierre de fronteras, en agosto pasado, no tienen conocimiento de aquel tráfico de hombres capaces de empuñar las armas capturados en Serbia y devueltos a los líderes serbios de los países vecinos.

Goran Svilanovic, abogado en una organización de derechos humanos de Belgrado, calcula que el Gobierno ha devuelto a sus aliados entre 2.000 y 5.000 hombres en edad militar desde el 12 de junio.

Críticas a la fuerza rápida

Á. S. C. La Fuerza de Intervención Rápida no ha comenzado a desplegarse en Bosnia y ya suscita ácidos enfrentamientos entre sus patronos, además de la abierta inquina de los ultranacionalistas serbios y, en menor medida, de los bosniocroatas y el Gobierno bosnio. El jefe de las Fuerzas Armadas francesas, almirante Jacques Lanxade, que con las del Reino Unido aportan el mayor contingente a esta brigada multinacional de 10.000 hombres, ha declarado que las tropas abrirán por la fuerza un corredor para llevar ayuda a Sarajevo, donde ayer murieron dos niños y siete adultos resultaron heridos tras un nuevo bombardeo serbio, si los sitiadores no aflojan su cerco en los días inmediatos.

El Ejecutivo, almirante Lanxade, ha sido replicado por el poder legislativo, la ONU, a través de sus portavoces en Zagreb y Sarajevo, que han negado que la fuerza rápida vaya a abrir por las armas corredores permanentes. La ONU dicta las reglas del juego, han recordado al jefe militar francés, y éstas son que las nuevas tropas, cuya operatividad 9levará semanas", protegerán a los cascos azules. Reproduciendo por enésima vez los enfrentamientos que han paralizado primero y desacreditado después la acción occidental en Bosnia, París anunciaba ayer que se mantienen conversaciones con los serbios para que permitan, a través de una ruta controlada por ellos, el reabastecimiento de Sarajevo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 7 de julio de 1995

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