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Arantxa rompe la penúltima muralla

Superó a Conchita Martínez en semifinales y disputará su primera final en la 'catedral' ante Steffi Graff

La penúltima barrera fue derrumbada ayer por Arantxa Sánchez Vicario. Llegó a Wimbledon dispuesta a mejorar sus resultados anteriores y ya está en la final. Ayer, se impuso a la aragonesa Conchita Martínez en tres memorables mangas por 6-3, 6-7 (5-7), 6-1 en 2 horas y 11 minutos, dejó el torneo sin campeona y se clasificó para su primera final. de Wimbledon. A los 23 años ha alcanzado casi todos los objetivos que se ha propuesto. Ha ganado dos Roland Garros, un Abierto de EE UU, ha alcanzado nueve finales del Grand Slam -en todas las superficies- y ha sido número uno del mundo. Le falta vencer en Wimbledon. Y sólo Steffi Graf la separa de convertir en realidad este sueño.Nunca hasta ahora había llegado tan lejos. Por una u otra causa, Arantxa se encalló cada año en Londres y no había superado los cuartos de final. Sin embargo, este año llegó dispuesta a demostrar que también ella tenía algo que decir en la hierba. Y, por el momento, nadie ha sido capaz e impedírselo: ni la excelente sacadora Brenda Schultz, en los cuartos de final, ni la campeona vigente, Conchita Martínez, en las semifinales. Frente a ambas mostró una cara de su juego que había quedado prácticamente inédita desde su aparición en aquella histórica final de 1989 en Roland Garros frente a Steffi Graf. Allí todo el mundo descubrió que la española no era simplemente una pasabolas.

Conchita fue quizás la más sorprendida al comprobarlo. "Arantxa jugó muy agresiva, más de lo normal en ella", confesó la aragonesa. Ayer, fue Arantxa la que creó el espectáculo y Conchita sólo pudo ir a remolque. Una y otra vez, la tenista barcelonesa dejó constancia de que no estaba dispuesta a perder. Una y otra vez le lanzó el mensaje a la de Monzón de que para ganar debería tomar más riesgos de los habituales.

Ampollas en los pies

El mensaje no cayó en el vacío. Conchita, que en el transcurso del partido fue atendida dos veces por la masajista del circuito debido a ampollas en sus pies, acusó recibo. Sólo logró reaccionar cuando Arantxa tenía prácticamente la victoria en su zurrón. Controlaba el encuentro por 6-3 y 5-2. Y en el repleto palco de jugadores las caras delataban ya lo que estaba ocurriendo en la pista. Conchita miraba desesperadamente a su amiga Gigí Fernández y a su entrenador el brasileño Carlos Kirmayr, que sólo atinaban a recomendarle calma. Mientras tanto, la madre de Arantxa, Marisa, buscaba la relajación apoyando, por segunda vez -la primera fue tras el primer set-, su espalda en el respaldo de su silla.

Conchita no encontró la calma. En aquellos momentos eso parecía imposible. Pero decidió jugársela y acertó. En los cuatro juegos siguientes, Arantxa no dispuso de ninguna bola para el game. El drive de la aragonesa entonces hizo estragos. Sólo ahí demostró que sus golpes eran más decisivos que los de Arantxa. Sólo ahí fue superior. Conchita se colocó entonces con 6-5 y servicio. Pero lo perdió y tuvo que ganar en la muerte súbita.

A cualquier jugadora un trance similar le habría supuesto un trauma. No a Arantxa. Afrontó la manga decisiva con tal convicción que rompió dos veces consecutivas el servicio de su rival y se situó con un definitivo 4-0. Allí acabó el encuentro. Para Conchita aquello ya era demasiado. No podía ni atender a las llamadas de Gigí desde la grada: "Luchando, Conchi. Luchando".

Después, Arantxa permitió que todas las frustraciones que había vivido en Wimbledon salieran a la luz. Se dejó caer al suelo de espaldas, alzó los brazos en señal de victoria y repitió el gesto varias veces en dirección a sus padres, a su entrenador y a su novio. Parecía que había ganado ya el torneo. De alguna manera, la victoria que acababa de conseguir era como un triunfo para ella. Le permitía romper la barrera de Wimbledon, estar por primera vez en la final, ganar a la campeona y demostrar que es capaz de plantar batalla a cualquier rival.

Resultados

Semifinales femeninas: Arantxa Sánchez Vicario (2ª) vence a Conchita Martínez (3ª) por 6-3, 6-7 (5-7), 6-1 y Steffi Graf (1ª) a Jana Novotna (4ª) por 5-7, 6-4 y 6-2.

Canal + retransmitirá mañana la final femenina a partir de las 15.00.

"Tengo una gran sensación de felicidad"

M .S. Arantxa salió de la pista con los brazos en alto siguiendo a una Conchita con prisas por dejar el escenario. Miró a sus padres, mientras éstos mantenían las formas y saludaban a Carlos Kirmayr -ex entrenador de su hija- y a los padres de Conchita.

"Tengo una gran sensación de felicidad", confesó Arantxa. "Es la primera vez que estoy en la final de Wimbledon y aquí todo es muy especial. Noto sensaciones distintas. En el Open de EE UU, en Roland Garros, en el Open de Australia he jugado finales y, en dos de ellos, he ganado alguna vez. Wimbledon se me resistía. Y ahora he demostrado que tengo cualidades para jugar bien también en hierba".

Arantxa no renuncia absolutamente a nada en la final. "No tengo nada que perder", señala. "Graf será la favorita. Yo ya he tenido una gran actuación en este torneo y me siento orgullosa por ello. Jugaré con paciencia, con convicción y con agresividad. Tengo ilusión y ganas de ganar". Graf ha superado a Arantxa 25 veces en 33 enfrentamientos.

Arantxa tuvo un gesto de sinceridad al explicar que los problemas le habían llegado durante el partido por un exceso de confianza. "Con 5-2 en el segundo set he visto el partido en mis manos, y tal vez perdí agresividad".

Conchita, que no pareció excesivamente triste ni apagada por la derrota, mostró su perplejidad por el juego que había desarrollado Arantxa. "Sin embargo, mis errores la han ayudado a ganar. Nunca tuve confianza en ganar el partido". La aragonesa confesó que las ampollas en los pies le causaban dolor, pero quiso restar trascendencia a esta circunstancia.

El príncipe de Asturias, Felipe de Borbón, y la infanta Cristina, por otro lado, asistirán mañana a la final femenina del torneo, según informaron ayer fuentes de la Casa del Rey.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 7 de julio de 1995

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