Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Caídos en el campo de batalla

Los belgas ya no sueñan con viejos éxitos, se conforman con no hacer el ridículo

Los italianos quieren hacer ver que Gotti es el nuevo Gimondi, y si no, se dedican a ganar etapas; los holandeses sueñan con que Blijlevens sea otro Van Poppel, una vez archivada la idea de que Breukink pueda ganar el Tour algún día; los franceses han tenido ya su ración de amarillo, quebrada, muy a su gusto trágico, con la desgracia de Jalabert y las de Durand; España vive de Induráin. ¿Y Bélgica? La otra nación poderosa, el país con más historia ciclista, vive un nuevo Dunkerque en retirada. Ya no aspiran a reeditar sus sueños de grandeza, a otro Merckx. Simplemente se conformarían con no hacer el ridículo.Los síntomas de una grave enfermedad son claros. El belga mejor situado en la general es un gregario llamado Johan Bruyneel, que suda para Jalabert y Zülle en el ONCE. Bruyneel, de 30 años, es, además el mejor corredor belga. "Fuera de mí país", dice el pupilo de Manolo Sáiz, "me doy cuenta de lo que valgo. Como no soy mejor que Jalabert o Zülle debo trabajar para ellos, y ni me planteo siquiera pedir libertad para ganar una etapa".

Sammie Moreels, el lanzador del gran sprinter belga, un Wilfried Nelissen que abandonó ayer, comprobó la diferencia con los extranjeros el miércoles en su propia piel. Quiso matarse por su jefe y por poco lo logra. Con más voluntarismo que capacidad se puso el primero del pelotón antes de la famosa caída de la rotonda. Iba con la cabeza baja y a más velocidad de la que permitía el trazado. Su falta de habilidad le hizo perder pie y provocar la montonera.

Las decenas de periodistas belgas que informan diariamente del Tour viven con ese sentimiento. Los recuerdos nostálgicos de los viejos/buenos tiempos les piden que sean duros con unos corredores cuyo equipo estandarte, el Lotto, llegó el último en la contrarreloj por equipos. Pero, por otro lado, les vence la ternura.

" ¿Cómo vamos a ser duros con unos chavales que no tienen medios para competir de igual a igual con los demás?", se pregunta Roger Janssen, jefe de ciclismo de Het Laaste Nieuws, el diario flamenco más importante.

El diagnóstico también es claro: falta de dinero. "Bélgica es un país pequeño y no puede permitirse patrocinadores poderosos", continúa Janssen. "Ahora un buen equipo debe gastarse mucho en investigación y en estar al día. Los belgas han perdido el tren de la evolución científica del ciclismo".

Por si fuera poco, los corredores del plat pays no salen a foguearse al extranjero. Sus propias competiciones domésticas -las kermesses, especie de critériums domingueros en las ciudades- les dan suficiente dinero para vivir.

Lo que no está tan claro es un tratamiento que pueda evitar que los belgas vuelvan a ser los caídos en el campo de batalla del Mar del Norte. Están descolgados en su terreno favorito, el llano y cerca de su país, como si fueran los españoles de antaño. Aún les queda por pasar la odiada montaña. Si es que alguno llega a los Alpes.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 7 de julio de 1995