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"Mamá ,baja tú"

Mixta / Paquiro, Gracia,Marquitos

Dos toros de Aguadulce, con trapío, cuajo y poder, 1º bravo, 4º manso.

Paquiro: pinchazo hondo atravesado, media atravesada, rueda de peones y dos descabellos (silencio); dos pinchazos y estocada corta (silencio).

Cuatro novillos de Aguadulce, discretos de presencia, flojos, manejables. Edu Gracia: pinchazo bajo, media atravesada, rueda de peones -aviso- y bajonazo descarado (silencio); tres pinchazos bajos y estocada corta delantera baja (vuelta). Marquitos, que debutó con caballos: tres pinchazos traseros, pinchazo bajísimo, bajonazo atravesado que asoma -aviso-, descabello y se tumba el novillo (vuelta por su cuenta que cortan las protestas a su mitad); pinchazo perdiendo la muleta, tres pinchazos bajos, estocada, descabello -aviso- y descabello (aplausos).

Plaza de Pamplona, 6 de julio. 1ª corrida de feria. Cerca del lleno.

"Mamá, baja tú", imploraba una niña, y esa frase pasará al Cossío pues no se había oído nunca en una plaza de toros. Los precedentes que tiene la frase, ya histórica, son remotos. La más parecida suele pronunciarse cuando alguien protesta las formas de torear -"no meta el pico", "crúcese", "déle distancia"- y siempre hay quien responde: "Baja tú".Frase más aproximada la dijo El Marino Mercante, un aficionado de la andanada 8 de Las Ventas, a quien sus correligionarios llamaban El Marino Mercante porque lo era. Días antes se había tirado Miguelín a un toro de El Cordobés para hacerle cucamonas, y en la corrida de repetición de este último diestro muchos espectadores, por mortificarle, no paraban de advertir: " ¡Que se va a tirar Miguelín!". Hasta que intervino El Marino Mercante, y gritó: "¡La que se va a tirar es mi abuela". Luego explicaba sus razones a quien quería escucharle: "Es que los toros de El Cordobes hasta mi abuela es capaz de torearlos".

La niña que imploraba "Mamá, baja tú", no es que estuviera en contra de los toros; es que estaba harta, la pobre. Llevábamos una hora de corrida y aún no había doblado el segundo de la tarde; llevábamos más de hora y media y aún coleaba el tercero, mientras el debutante Marquitos se esforzaba por abatirlo a estoque, con impericia manifiesta. Entonces la niña le pidió a su mamá que bajara a matarlo ella, "anda, porfa ", y fue necesario explicarla que no podía, pues lo prohibe el reglamento.

No sólo se demoraban los diestros en matar; también en lidiar. Todo acontecía por partida doble, a veces triple. Las mulillas se negaban a arrastrar al primer toro. Para colocar tres pares de banderillas daban los banderilleros seis pasadas, y dejaban prendidas dos. En el cuarto, esas seis intentonas las consumió Pablo García él solito, y no consiguió clavar ni un palitroque.

El toro tenía guasa, ésa es la verdad. Los dos toros de la corrida resultaron ser sendos torazos, con trapío y fortaleza. El primero derribó a puro riñón y, pese a los tres puyazos que' recibió, se quedó sin suficiente castigo, lo cual pesó luego a Paquiro. El toro se le venía a la muleta con incómoda brusquedad y el diestro navarro intentó resolver el problema aplicándole una faena valentona, aunque de nula eficacia ya que la planteó a la moderna. Toreo moderno y toro a la antigua son difíciles de casar. El siguiente de su lote manseó en el primer tercio y si bien tomó los ayudados y los primeros derechazos, Paquiro no acabó de confiarse, de manera que concluyó deslucido el trasteo.

Los novilleros traían un toreo más moderno aún. En cuestión de tauromaquia, los novilleros están a la última y todos cuantos vicios y ventajas utilizan para su acomodo las figuras contemporáneas, los repiten con absoluta fidelidad al modelo. Edu Gracia dio una meritoria pedresina al quinto citando desde el platillo y coristruyó una faena vibrante, construida y ligada según la moda; es decir, perdiendo un paso al rematar cada muletazo. Finalmente mató mal y perdió los trofeos que el público estaba dispuesto a concederle. Su anterior novillo, posiblemente asesinado por el bárbaro individuo del castoreño -que le metió vara en todas partes excepto donde debía- acabó inválido e impidió el lucimiento.

El desastroso manejo de la espada también malogró el éxito de Marquitos, un chaval de 17 anos que debutaba con picadores y demostró sus ansias irrefrenables de ser torero. Valiente, pundonoroso y con un desparpajo impropio de su edad, instrumentó navarras, no dio pase por perdido, los intentó todos, hizo desplantes de rodillas, y si le faltó temple se debe achacar a su lógica inexperiencia. Pinchaba y ya estaban dando las nueve en el reloj del monasterio de Leyre. Don Virila seguro que se revolvía en su tumba. Dos horas y media de corrida no las resisten ni los santos. Salvo que les entre el sueño. Y esa suerte tuvieron algunos. La niña, sin ir más lejos, dormía en el regazo de su mamá, soñando con los angelitos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 7 de julio de 1995