La filosofía de la ciencia atrae porque no exige saber nada, según Mario Bunge

En filosofía, los últimos 20 años son un desierto en el que únicamente hay tres novedades: la ética aplicada a problemas contemporáneos, el resurgimiento de la filosofía política y la filosofía de la ciencia. Esta última atrae muchos practicantes porque no exige saber nada. Éste es el panorama que Mario Bunge (Buenos Aires, 1919) trazó ayer, en un curso en la cátedra Ferrater Mora, en Girona.Nietzche no fue un filósofo, afirmó Bunge. A lo sumo, un ensayista que, eso sí, escribía bien. No como Heidegger, quien, además de ser inspirador del nazismo, "asesinó al idioma alemán". Con Habermas fue especialmente duro. Le acusó de haber caído en un irracionalismo (máximo anatema que Bunge es capaz de concebir en filosofía) que hubiera rechazado el propio Karl Marx

En este desierto, ¿queda algo? La respuesta de Bunge es radicalmente afirmativa. Se trata de una filosofía "nueva" que debe cumplir lo siguiente: 1. Ser una continuación de la tradición interrumpida por Heidegger y Wittgenstein. 2. Tener en cuenta la exactitud y recurrir a la lógica y la matemática. 3. Mantener un contacto estrecho con la ciencia y la técnica. 4. Ser racioempirista o empirorracionalista. 5. Ser sistémica, es decir, no fragmentaria. A Bunge, con media sonrisa en la boca, se le escapó ayer quién es el máximo autor de esta filosofía: Bunge.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0005, 05 de junio de 1995.