Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

¿Un chivo expiatorio?

La detención de Leeson, el cerebro de las finanzas que ha causado la quiebra del venerable Barings, banco repleto de títulos nobiliarios y clientes ilustres (entre ellos miembros de la familia real británica), se percibió como una especie de éxito nacional. Los interrogantes de la actuación de Leeson, que hasta ahora se han saldado con pérdidas de más de 600 millones de libras (unos 125.000 millones de pesetas) para Barings y su práctica bancarrota, podrán, con suerte, quedar despejados.La hora de la verdad parece haber llegado para el humilde chico de Watford (Inglaterra), criado en una casa de protección oficial y al que el hábil manejo de los ordenadores convirtió de la mañana a la noche en una estrella emergente en Barings, el banco de sangre azul. Si en el Reino Unido su detención se ha percibido como un alivio, sus compañeros de la Bolsa de Singapur exteriorizaron aún más su júbilo. Un aplauso cerrado atronó en la Bolsa cuando en las pantallas apareció la noticia de que había sido detenido.

Su estilo agresivo en un mundo que no se caracteriza por la placidez, le había granjeado enemigos en medio mundo. Ambicioso y convencido de su talento, se embarcó con el beneplácito de los directivos de Barings en el delicado mercado de derivados.

No está claro que su enloquecida sucesión de apuestas pueda ser tipificada como un delito. La propia prensa británica vespertina ponía ayer en labios de Leeson palabras de descargo: "Soy el cordero del sacrificio, pero los directivos del banco sabían muy bien lo que estaba haciendo" explicó, al parecer, a algún amigo de Londres. Otro rotativo aseguraba que envió una carta de despedida por fax a Peter Barings, presidente del. banco explicándole hasta qué punto se había convertido en un chivo expiatorio.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 3 de marzo de 1995