Crítica:CINE

Colección de cortos "artísticos"

Gracias al apoyo dado por la Oficina Nacional del Film, desde hace más de cinco décadas existe una interesante producción de cortometrajes en Canadá, y figuras de la altura del director Norman McLaren. Debido a ello, a la hora de plantearse la realización de una biografía del gran pianista canadiense Glenn Gould, el director Francois Girard ha elegido esta peculiar forma cinematográfica.Tomando como punto de referencia la genial composición Variaciones Goldberg, de Bach, y tal como indica su título original, 32 cortos sobre Glenn Gould, la cuidada producción ...

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Gracias al apoyo dado por la Oficina Nacional del Film, desde hace más de cinco décadas existe una interesante producción de cortometrajes en Canadá, y figuras de la altura del director Norman McLaren. Debido a ello, a la hora de plantearse la realización de una biografía del gran pianista canadiense Glenn Gould, el director Francois Girard ha elegido esta peculiar forma cinematográfica.Tomando como punto de referencia la genial composición Variaciones Goldberg, de Bach, y tal como indica su título original, 32 cortos sobre Glenn Gould, la cuidada producción Sinfonía en soledad está integrada por 32 cortometrajes. Sin ninguna estructura dramática, sólo ligados por sus interpretaciones musicales, tras los primeros que transmiten cierta información a través de una voz de fondo y los centrados en entrevistas con los violinistas Yehudi Menuhim y Bruno Monsaingeon y algunas personas que colaboraron con él, el resto de los cortos sólo es el desarrollo de ideas más o menos brillantes sobre aspectos directa o indirectamente ligados con la personalidad del pianista.

32 short films about Glenn Gould

Director: François Girard. Canadá 1993. Intérpretes: Colm Feore, Gale Garnett, Katya Lagan, David Hughes, Carlo Rora. Estreno en Madrid: Arlequín (versión original subtitulada).

El principal problema de esta colección de cortos "artísticos" es que algunos de ellos tienen cierta gracia, en especial el realizado a la manera de Norman Mclaren, pero en general rezuman demasiada pedantería. Además, dan muy poca información sobre la vida y la obra del pianista de Toronto, sólo despiertan cierto interés sobre un niño que a los cuatro años lee música de corrido y un extraño hombre que a los 32, en plena gloria, se retira; y, sobre todo, que 32 son muchos cortos, y esta compleja forma cinematográfica nunca se creó para que sus producciones se exhibiesen unas tras otras.

François Girard demuestra cierta, imaginación, pero una peligrosa. tendencia a un esteticismo de moda en los años sesenta, muy discutible en su momento y que llega a enturbiar por completo los ambiciosos planteamientos de su obra.

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